De Dinamarca a la desilusión
Los hospitales que hoy quedan son cascarones vacíos. No hay quirófanos operativos, no hay equipo, no hay ni siquiera insumos básicos como gasas o sueros. Lo único que sobra es discurso.
La salud no se improvisa, o se decreta desde una mañanera, se construye con presupuesto, con personal, con planeación y con compromiso. Eso lo hicimos bien y por eso no dejaremos de alzar la voz.
La salud no puede seguir siendo rehén de la improvisación. Es hora de que el gobierno federal asuma sus fracasos y corrija el rumbo. Porque cada error se traduce en vidas humanas.
















