Del quinto al sexto viernes de Cuaresma, la calle Barrio de la Veracruz cerca del centro histórico de Taxco se llena de color, barro y tradición con la llegada de artesanos de todo el país
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Existe un documento no escrito, pero ampliamente practicado en el gobierno de Morena, se trata del “Manual de Pretextos del Oficialismo”. Un recetario de respuestas automáticas que se activan cada vez que surge una crisis, un escándalo o una tragedia nacional. Teniendo como punto en común que ante cualquier problema, siempre hay un culpable externo, una conspiración o una negación sistemática.
El manual es sencillo y predecible. Primera regla: culpar al pasado. “Fue Calderón”, “fue el PRIAN”, “es herencia maldita” o “es culpa del neoliberalismo”. Con esta fórmula se justifica desde los desafíos de seguridad hasta los apagones, la crisis del agua o el deterioro de Pemex. La realidad; sin embargo, muestra que después de más de seis años de gobierno morenista, los delitos siguen en máximos y la pobreza extrema no ha disminuido de manera significativa.
Segunda regla: convertir toda crítica en ataque político. “Es guerra sucia”, “son los medios vendidos”, “es un complot de la oposición”, “es fake news”. Así se descalifica cualquier denuncia de corrupción, desde los contratos irregulares de Segalmex hasta las irregularidades en el Tren Maya y la Refinería de Dos Bocas. Mientras tanto, organismos autónomos como la Auditoría Superior de la Federación siguen documentando miles de millones de pesos sin comprobar, y la percepción de corrupción en México sigue entre las peores de la OCDE.
Tercera regla: minimizar y negar. “No pasa nada”, “lo están exagerando”, “no eran tan graves”, “tenemos otros datos”. Esta estrategia se aplica a temas sensibles como el colapso del sistema de salud, la saturación de los hospitales IMSS-Bienestar, la violencia o la crisis migratoria en la frontera sur. Cuando las cifras son incómodas, se prefieren “otros datos”.
Cuarta regla: dilatar la responsabilidad. “Ya se está investigando”, “no hay pruebas”, “fue un accidente”, “fue sabotaje”. Frases que se repiten ante delitos, descarrilamientos, explosiones en ductos o fallas graves en infraestructura. La impunidad sigue por encima del 90% en delitos de alto impacto.
El resultado de aplicar sistemáticamente este manual es una desconexión peligrosa entre el discurso oficial y la realidad que viven millones de mexicanos. Economía estancada para la mayoría, servicios públicos deteriorados, rezago educativo, tragedias nacionales, migración forzada por falta de oportunidades y un creciente hartazgo social.
El “Manual de Pretextos del Oficialismo” no resuelve problemas; los perpetúa, y mientras el gobierno siga refugiándose en excusas prefabricadas en lugar de asumir responsabilidades, las crisis seguirán profundizándose. México merece un gobierno que enfrente la realidad con datos, acciones y rendición de cuentas, no con un manual de evasiones.