El dolor en su cuerpo es peor que un infierno. Las noches, una penitencia, hasta hoy creyó que el remedio a su horrible estado de salud solo era la muerte, pero hoy al salir de casa se da cuenta de tener la solución en sus manos.
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Benjamín sufre una extraña enfermedad sin diagnóstico médico / Ilustración generada con IA bajo la dirección de Alberto Serrato. Esta imagen no representa un hecho real
Según los doctores, Benjamín enfrenta un mal sin antecedentes, lejano a una explicación científica, porque los análisis, estudios de visualización médica y cognitivos, arrojan los resultados de una persona sin padecimientos. Su vida había sido normal y como la de cualquier adolescente hasta ese maldito concierto de rock del invierno pasado.
Ya es verano, a pesar de su horrible situación de salud y angustia, Benjamín acaba de terminar la carrera de medicina, por eso, el consejo estudiantil del instituto médico del Pueblo Norte, ha organizado un viaje de fin de cursos a una Riviera donde todos los estudiantes de diferentes estados se encuentran para festejar el término de sus carreras universitarias. Hay borracheras, droga, sexo sin discriminación de género y promiscuidad sin medida. Él no tiene tantos deseos de ir, porque a pesar de su buena afinidad con la fiesta y con los demás compañeros, sus ánimos están por los suelos. No se siente bien, su peso ha disminuido, su cara se ve estragada, tan pálida como una paleta de crema y los ojos se le salen como a los de un muerto. Eso lo tiene sin un deseo de disfrutar la vida, se antoja indefenso, como un niño desnutrido, pero sus compañeros y el entorno mismo, lo animan a seguir de pie, aun cuando su salud está a punto de caer a un precipicio eterno llamado tumba.
La noche cuando Vela murió y el malestar en Benjamín se desató, fue la misma del concierto de rock en el sur del pueblo. La gira de su banda favorita tenía escala en el auditorio local y el suceso no podía pasar de largo, ni era opción esperar a ver el show días después en YouTube. Desde muy temprano él se preparó, desayunó, le dio un beso a su madre, salió a la universidad, entró a sus clases con la mente dispersa, incluso no asistió a la de anatomía para encontrarse en la terminal sur con Vela y juntos subir al bus colectivo y asegurar buen acceso en el auditorio. Las cosas se dieron de maravilla, en el camino tomaron un poco de whisky rebajado con refresco de cola, parecían un par de punks de los años 80.
Él iba sentado con la cabeza recargada en el vidrio del transporte, las luces de la noche le estrellaban en el fleco largo y castaño, ella tomaba a tragos cortos de la cantimplora mientras le acariciaba el rostro a Benjamín. Bajaron del autobús tomados de la mano y se dieron cuenta de que no era tan temprano como ellos pensaban porque la fila de fans llegaba hasta la segunda cuadra donde se encontraba el supermercado del Pueblo Norte que, traduciéndolo a número de personas, era una cifra cercana a tres mil almas esperando el concierto. No les importó tanto, pues ya se estaban emborrachando con el whisky cola y además estar juntos también era importante, así que se formaron cerca de dos horas sin reparo emoción, pero detrás de ellos una mujer extraña, ojerosa, sucia y con los dientes separados, se formó en silencio. Ellos no le dieron importancia, a pesar de que esa extraña mujer nunca le quitó la mirada de encima a Benjamín. Cuando entraron al gran recinto, el ambiente ya era similar al de un acuario, se sentía vapor, un olor a aliento y una sensación de sal constante en los labios.
Más de cuatro mil personas sudorosas se encontraban disfrutando el intro de apertura del show. Una calavera en la pantalla principal apareció, tenía los ojos rojos y sonreía, luego unos láser de color naranja incidentales comenzaron a girar, mientras otras luces blancas dieron flashazos con estrobos cegadores, un bajo corrompido hizo un estruendo que retumbó en el pecho de los asistentes y al terminar cuatro conteos con las baquetas al contratiempo abierto, una hilera de fuego se disparó hasta lo más alto.
El concierto había comenzado, en la pantalla led aparecían esqueletos saliendo de tumbas y una lluvia de fuego, las lápidas eran de colores psicodélicos y se deformaban para convertirse en rostros de mujeres, luego en animales y un sinfín de animaciones estimulantes. Las charolas con cerveza comenzaron a verse por encima de la gente, Benjamín y Vela no esperaron para comprar bebida porque la cantimplora había sido retenida en el acceso principal. Bebieron más de la cuenta, hubo momentos donde ya no ponían atención a las canciones y solo se preocupaban por besarse, incluso tocarse. La mujer extraña de la fila no dejaba de verlos, parecía corromperse en rabia porque no era necesario ser un vidente para darse cuenta de que a la vieja loca le había parecido atractivo Benjamín. Ellos no lo notaron, porque ella se mantuvo bien escondida entre las sombras del concierto, pero conforme las copas corrieron de más en el torrente sanguíneo de ambos, se fue acercando, Vela comenzó a sentirse mal y Benjamín tuvo deseos de ir a orinar.
Él le solicitó ir juntos al baño, pero ella decidió quedarse recargada en una de las barandillas de contención. La mujer con aspecto de bruja se acercó y se colocó de frente a Vela, la miró sin un solo pestañeo y un rojo intenso se dibujó primero en los ojos vacíos de la extraña y luego en las pupilas de Vela, quien se llenó de horror y gritó tan fuerte que el chillido sobresalió de los aplausos y ovaciones, pero no lo suficiente para ser auxiliada. Ella se desvaneció y unos cuantos presentes le hicieron un círculo para esperar la llegada de los servicios médicos. Benjamín vio el círculo de curiosos y cuando se acercó vio los cabellos rubios de Vela en el suelo, corrió y a empujones logró entrar a lo que aún desconocía como el lecho de muerte de Vela; preguntó a todos qué había pasado, pero solo le respondían con miradas confundidas y risas indiferentes.
Entre la multitud, estaba la mujer viendo la desesperación de Benjamín, luego se acercó, se colocó junto a él y lo abrazó de la cintura, pero él en medio del shock y la confusión nunca se percató de que era ella hasta que le susurró al oído una palabra que aún puede recordar “MADUK”. Una camilla sostenida por dos personas vestidas de blanco, pudo verse entre las multitudes, subieron a Vela para llevarla a los separos médicos, Benjamín corrió detrás Vela y de los socorristas, la tendieron en una cama metálica, intentaron reanimarla con alcohol, luego con adrenalina, pero luego de varios intentos, no pudieron devolverle sus signos vitales.
Benjamín habló a los padres de Vela, les dijo a secas la noticia y les hizo saber sobre el traslado del cadáver al servicio forense. Hubo llanto y gritos durante un buen rato en la morgue, los médicos después de un par de horas, dictaminaron la causa de muerte como una intoxicación alcohólica, pero Benjamín de alguna forma siempre supo que fue por culpa de algo más. Luego del entierro de Vela, comenzó la caída para Benjamín; primero notó falta de energía en sus actividades, él lo atribuía a la depresión y el luto, luego tuvo que hacer un hoyo extra a su cinturón porque los pantalones comenzaron a caerse.
Perdía la concentración en clases, a veces también el aire, el malestar se hizo general y poco a poco fue cayendo en el círculo vicioso de la búsqueda de un remedio. A los tres meses de la muerte de Vela, Benjamín parecía tener una enfermedad terminal, su madre lo llevó a múltiples estudios y chequeos profundos otorgados por un seguro que había comprado desde hace cinco años, por lo que no escatimaron en saber qué estaba pasando con el joven. En el instituto algunos doctores ofrecieron ayudarle para buscar soluciones nunca encontradas. No hubo cáncer, algún virus o bacterias alojadas, tampoco enfermedad autoinmune y así en medio de la incertidumbre ha vivido los últimos seis meses, casi como un cadáver.
El consejo del instituto ha convencido a Benjamín para ir a ese viaje de fin de cursos. Él sabe que quizá puede morir en el camino, pero ya nada le importa y quiere tener algunos chispazos de felicidad como antes de ese maldito concierto. Hoy al salir de su casa para esperar a que pasen por él, pudo ver a la misma mujer del concierto parada en la acera de su casa. Ella lo miró sin un parpadeo y le susurró a la distancia, la palabra “MADUK”. Benjamín sin entenderlo, sintió una mejoría y un deseo irracional de abrazar a esa horrible mujer.