EL QUE PERSEVERA ALCANZA
Domingo de Reflexión
Este domingo la Palabra de Dios nos habla acerca de la oración.
Ya nos decía el domingo pasado Jesús que dar gracias es una actitud que nos ayuda a corresponder a Dios sus bendiciones y nos hace entrar en sintonía con Él.
Hoy nos insiste Jesús en esa sintonía con Dios a través de la oración.
La oración abarca varias actitudes: El agradecer, del cual hablamos el domingo pasado; la intercesión, la súplica de perdón, las peticiones, etcétera.
Este domingo se habla de la oración en general, sobretodo entendida como petición a Dios.
Pero cuando Moisés los subía, ganaba Israel.
En el Evangelio Jesús pone como ejemplo a una viuda que suplicaba a un juez injusto y despiadado que le hicieran justicia, y el juez no le hacía caso.
Pero como la viuda insistía e insistía, el juez movido por la necedad de la viuda termina haciéndole justicia.
La enseñanza básica es simple: En las cosas de Dios, especialmente en la oración, hay que ser perseverantes, insistentes, constantes.
Dice un dicho: “El que persevera, alcanza”.
Esto aplica en todo: En lo profesional, en lo laboral, en el deporte…y en lo espiritual también.
Ser constantes, ser perseverantes nos hace alcanzar la meta.
Ser perseverantes en la oración también nos permite alcanzar la meta, la cual es, ante todo, estar en sintonía con Dios, estar unidos a Él.
Cuando hablamos de ser perseverantes, constantes, “necios” en la oración, puede parecer que estamos diciendo que a Dios hay que rogarle, hay que suplicarle para que nos conceda lo que le pedimos, y no es esto lo que queremos decir.
Para entender mejor la perseverancia en la oración cabe aclarar varios puntos:
Dios es bueno. Él siempre va a querer lo mejor para nosotros. Él siempre nos manda bendiciones.
Él siempre está pendiente de nosotros y desea siempre que seamos felices.
Dios no se muda, es decir, Dios no cambia, Dios es Dios. Su voluntad siempre es buena para nosotros.
Dios no depende de mí, de mí actuar, de mis pecados. Hay quienes piensan que si me está yendo mal es que Dios me está castigando, esto es lo más alejado de la realidad.
Si Dios nos castigara por nuestros malos actos nos iría muy mal.
Dios no depende de mí para actuar, él es Dios, siempre es Dios, siempre es bueno, siempre nos bendice. Dios no cambia.
Entonces, si Dios es bueno y no cambia, ¿para qué le suplicamos?
¿Para qué pedir con insistencia?
Pues para que nosotros cambiemos, se podría decir.
La oración insistente nos hace estar en constante contacto y comunicación con Dios.
La oración constante nos hace entrar en sintonía con Dios, con su voluntad para nosotros.
La oración constante nos hace familiarizarnos con Dios, y en esa familiaridad vamos entendiéndolo, vamos sintonizando con Él.
Imaginemos que orar es como sintonizar una radio.
Cada vez que oramos buscamos la frecuencia en la que Dios nos está hablando.
Cada vez que oramos entramos en la misma frecuencia y podemos sintonizar a Dios.
Si nuestra oración es constante entonces nuestra sintonía con Dios será cada vez mejor, podremos escuchar a Dios con mayor nitidez, podremos entenderlo y entender sus planes para nosotros.
Pidamos a Dios que sepamos ser constantes, perseverantes en la oración.
Pidamos que sepamos mantenernos siempre unidos a Dios para que en esa unión podamos entender, cada vez, con mayor precisión lo que Dios quiere de nosotros y, a la vez, podamos así, entender la vida y las experiencias que se nos presentan.
Que tengan excelente semana.
















