Restos óseos y prendas fueron localizados en el kilómetro 46 de la Carretera 26, en Hermosillo y podrían corresponder a Marco Antonio, hijo de la activista
La compañía hermosillense está de vuelta este 026, con varios invitados especiales y una serie de actividades que se llevarán a cabo en el marco del Día Mundial del Teatro
El sello que lo distinguió era el baile que realizaba con una botella de cerveza en la cabeza en el Club Obregón. Falleció este lunes Guadalupe Rosales Gaxiola
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Desde hace varios años entramos en un círculo de rapidez. Ante el exceso de información que recibimos en el transcurso del día, ya sea por el radio mientras vamos en el carro, la televisión cuando estamos en casa o en nuestros celulares, nos hemos acostumbrado a necesitar las cosas con mayor rapidez. Una de las consecuencias que esto ha traído es que tratamos de resolver los problemas de forma inmediata, buscamos respuestas al instante y nuestros mensajes viajan de un lado a otro en cuestión de segundos.
Pero ¿nuestra forma de leer también ha cambiado? Aunque cada persona es diferente, puedo inferir que la velocidad con que leemos ahora es más rápida que en épocas anteriores. Así como muchas de nuestras actividades son monitoreadas en tiempo real, de manera inconsciente buscamos que la lectura se acompañe de la comprensión. Queremos que leer sea igual a comprender, porque no tenemos tiempo para reflexionar sobre lo leído y mucho menos para volver a leer.
Cambiamos de canción con extrema facilidad, nos enteramos sobre lo que pasa en todo el mundo a través de reels, hacemos un itinerario de viaje con ayuda de la IA en cuestión de segundos, pero la metáfora de un verso que nos puede cambiar la vida, se conserva apacible en medio de la página de un libro que ya no volvimos a leer y que nos espera paciente en el librero de la sala.
Podemos conocer la historia de una novela en noventa segundos de un tiktok, enamorarnos de algún personaje por la reseña de un booktuber y tener cinco recomendaciones literarias en menos de tres segundos gracias al algoritmo, pero la experiencia personal e íntima de una lectura no se puede compartir en video, en un tweet o una video reseña.
La lectura requiere tiempo con uno mismo, necesita paciencia e incertidumbre en lo que se busca. Hoy en día pocas veces podemos estar solos. Si nos encontramos sentados en la banca de un parque o vamos caminando rumbo a la casa, enviamos mensajes a otras personas o buscamos lo que hacen los demás en redes sociales. La introspección, en estos tiempos, se convirtió en algo extraño.
En muchas ocasiones, las mejores enseñanzas tardan mucho tiempo en ser comprendidas. A veces tienen que pasar años para entender un consejo que nos dieron. Lo mismo puede suceder con la lectura: hay libros, escenas o versos que en cuanto la leímos fuimos otros, pero nos dimos cuenta años después. También sucede que decimos o escribimos algo, y después sabemos que otra persona dijo lo mismo en un libro que olvidamos haberlo leído.
La práctica de la lectura no da resultados inmediatos. Se trata de una habilidad que va de la mano del tiempo. Tardamos un promedio de cinco años para aprender a leer, tres o cuatro años para leer fluido, otros años más para comprender lo leído, y casi toda una vida para saber que la lectura es otra mirada que tenemos para conocer el mundo desde diferentes perspectivas.