La “Bella Airosa” permanece en semáforo naranja por partículas PM10; en tanto que otros municipios registran condiciones aceptables y buena calidad del aire
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En recientes días, una de las zonas boscosas más importantes del sur del continente ubicada en Argentina, específicamente la provincia de Chubut en La Patagonia, ha sufrido una serie de incendios como nunca antes vistos, lo que ha propiciado que se consuman prácticamente en su totalidad 20 hectáreas en pocos días, lo que ya ha generado una alerta en varias otras provincias ante el rápido inicio de incendios en diversos puntos de esa región, provocando que las autoridades encargadas de la gestión integral de riesgos y bomberos no puedan contener esa catástrofe natural que ha sorprendido a una región no acostumbrada a ello.
El problema de esos incendios tiene que ver con las altas temperaturas que se registraron en las últimas semanas y que son inéditas para la zona. Esta vez no hay indicios de que los incendios sean provocados y todo apunta que la región que ha sido naturalmente por su ubicación geográfica una de las más frías del planeta, ahora tenga la problemática de altas temperaturas que no sólo genera incendios, sino que, derrite glaciares con todo lo que ello implica.
La preocupación aumenta si se considera que los incendios han arrasado con bosques pero también viviendas e infraestructura, lo que convierte a la zona en un punto de alarma ante el aumento de temperatura generado, es decir, no se vislumbra una mejora climática y eso complicaría los rescates en la zona y la mitigación del fuego.
Pero viene lo peor, la parte administrativa, ya que, bajo esa consigna de negar los efectos del cambio climático, las autoridades de la provincia de Chubut han congelado un fondo de casi 400 mil dólares que está destinado presupuestalmente para programas de manejo y recuperación de bosques nativos, cifra que aumenta 600 mil dólares más si se suman los recursos que ha dado la FAO y que no han sido ejercidos para fines ambientales.
Ello, desde luego, alineado con las políticas del gobierno nacional de no destinar recursos al combate al cambio climático y a la preservación de las zonas naturales, además de prácticamente ignorar absolutamente todo lo que tiene que ver con prevención y atención de incendios en todo el país, bajo la consigna de recortar recursos de la administración y restarle importancia a una crisis ambiental que ha quedado demostrada.
Esta crisis climática que hoy vive Argentina en una de las regiones cercanas a los glaciares pone sobre la mesa esta tendencia oficial de muchos países a negar las consecuencias e, incluso, la existencia de un cambio climático, derivado de muchas acciones permitidas que han lesionado seriamente los recursos naturales de nuestro planeta.
Por las circunstancias en que vivimos ya no se trata sólo de prevención de este tipo de catástrofes, sino de una inversión pública para mitigar los efectos y revertirlos. Ello a través de políticas públicas y medidas gubernamentales sólidas y tangibles que tengan el objetivo de paliar el desastre que estamos viviendo, sin embargo, todos esos recursos que han sido patrocinados, incluso, por organismos internacionales, han sido detenidos, congelados o desviados teniendo como base el discurso del “no pasa nada”.
Nuestro país ha sido presa de catástrofes naturales derivadas del cambio climático como los devastadores huracanes y, a pesar de que la postura oficial ha ido cambiando gracias a la postura de la Presidenta frente al tema, aún nos falta mucho por hacer para que no nos lamentemos pronto y ayudemos al planeta a tener un respiro.