Las representaciones se llevarán a cabo del 29 de marzo al 5 de abril; se esperan más de 10 mil asistentes. Es considerado el viacrucis más longevo de Pachuca
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El 2026 pintaba para ser uno de los más relevantes debido a la inminencia de algunos temas a nivel interno, sin embargo, la naturaleza de los asuntos internacionales ha venido a dotar de mayor intensidad a los inicios de este ciclo debido al impacto que tiene uno de los eventos político-internacionales más relevantes de las últimas décadas, ya que las implicaciones jurídicas, sociales políticas y económicas, son de magnitud global en un planeta que, de por sí se había mantenido convulso por los diferentes conflictos regionales que poco a poco parecían involucrar a más actores en su resolución.
El 3 de enero pasado en la madrugada, un comando de las fuerzas armadas estadounidenses ingreso por aire y tierra al círculo donde se encontraba ubicado el entonces Presidente Nicolás Maduro, deteniéndolo junto a su esposa y trasladándolos a Nueva York acusados de crímenes relacionados con tráfico de estupefacientes, inicialmente bajo una supuesta acusación de encabezar una red criminal que operaba, incluso, con cárteles mexicanos.
Este suceso se convirtió en noticia mundial acaparando el foco mediático por varias razones, entre ellas, la acusación al gobierno estadounidense por vulnerar tratados internacionales al ingresar a un país sin estar en alguno de los supuestos que lo permitiría y sustrayendo a la fuerza a un mandatario que se encontraba en funciones. Circunstancias que, hemos visto, ha sucedido en diversas ocasiones con nuestro vecino del norte.
Pero la otra cara de la moneda está centrada en la grave crisis humanitaria que vive Venezuela y el éxodo de un tercio de su población en las últimas dos décadas, huyendo de crímenes de lesa humanidad y de condiciones económicas y, de hecho, alimentarias, perpetradas por su gobierno que ya llevaba varios periodos al frente con la venía de modificaciones institucionales que permitían la reelección.
Como la historia nos ha enseñado con los regímenes de izquierda extrema, el apoderamiento de las posiciones políticas a toda costa derrumbando instituciones y tergiversando el orden normativo, suelen ser impulsadas por pequeños grupos de políticos que en ese afán de retener el poder y, además, erigirse como una clase privilegiada con el dispendio de recursos en contraposición a su paupérrima población, pierden la razón y entonces eliminan cualquier vía democrática de acceso a la presidencia.
Porque si bien los organismos internacionales poco o nada pudieron hacer para contrarrestar el régimen dictatorial de Nicolás Maduro, la oposición en ese país sí logró acreditar, al menos en las 3 últimas elecciones, que los resultados electorales favorecían a los opositores, sin embargo, la represión, las amenazas y la cooptación de las instituciones electorales permitió que este régimen se colocara por la fuerza.
Esta historia no es nueva ni en el mundo ni en la región, ya que esa hambre de poder deshumaniza a los otrora líderes para centrar todo su entorno y el aparato gubernamental en sí mismos haciendo alianzas, incluso, delictivas que tarde o temprano se suelen pagar. Aún falta mucho por ver y por analizar, pero la voz de miles de venezolanos exiliados entienden las implicación de una invasión extranjera pero terminaron viéndolo como la única vía de desprenderse de un tirano que provocó muerte y prisión.