La joven deportista celayense de 11 años continúa su preparación deportiva con la meta de clasificar al Prenacional y representar a Guanajuato en la Olimpiada Nacional CONADE
Con más de 35 años de trayectoria, José Antonio se ha consolidado como maestro y bailarín en Celaya, formando generaciones de estudiantes y difundiendo la cultura y danza mexicana
Dicen que se escucharon al menos 6 disparos; vecinos los trasladaron a recibir atención médica mientras las autoridades acordonaban la zona y realizaban las investigaciones
Una fuerte llamarada en un pastizal a espaldas del fraccionamiento Ancona obligó a los vecinos a evacuar sus casas, mientras Protección Civil y bomberos sofocaban las llamas
¿Te quedas fuera de la conversación? Mandamos a tu correo el mejor resumen informativo.
¿Aún recuerdas cuando eras niño e ibas a la escuela acompañado por tu papá o mamá y las clases iniciaban en Septiembre y terminaban en Junio y teníamos vacaciones de Semana Santa, Navidad y año Nuevo y esperabas la llegada del niño Dios con aquel sobresalto lleno de alegría, para días después comerte tu pedazo de rosca con chocolate o atole y tamales azorado por el misterio de los Reyes Magos y sus regalos que casi siempre eran, al menos en mi casa, dulces y ropa que probablemente necesitábamos y aún así, disfrutábamos esperando el día siguiente para regresar a clases ante maestros que siempre estaban presentes, lloviera o tronara, que nunca se enfermaban y que tenían el derecho de regañarte y hasta castigarte y tú, calladito llegabas a la casa, pues si se te ocurría decir del castigo, probablemente tus papás te aplicaban otra prerorrata por aquello de que el maestro siempre tenía la razón y pobre de tí si te enfermabas porque como no fuese pulmonía, tosferina o viruela, ni de chiste te dejaban faltar a la escuela tus adorados padres y la verdad, tú, tampoco tenías ganas de quedarte en casa porque bien que disfrutabas la escuela?
Pues quién no se acuerda de aquellos recreos donde jugabas matatena o canicas o las famosas “cebollitas”, a la una, a las dos y a las tres, a esconderse porque los encantados era uno de los juegos más divertidos y esperados, aunque nos cuidaran en el recreo los maestros, nadie pensaba en hacerse daño o en dañar a otros, aunque no faltaban los revoltosos y a veces montoneros que acosaban al más dejado, como tampoco faltaba el o la bien portada que siempre cargaba los libros del profesor(a) ante la envidia de los demás, pues en ese entonces era casi, casi, un honor cargarle los libros y no se diga si te mandaban por un libro a la biblioteca, caray, te sentías importante y no me digas que nunca cabeceaste para que los “gisazos” del profesor, harto de no ser escuchado, dirigía como proyectil de guerra contra el mal portado y sin consecuencia alguna para el maestro, sí para el malcriado, como no existía aquello como en esta modernidad escolar donde si tienes ganas de ir al baño solo sales y ya, !NO Señor!, se tenía que levantar la mano, pedir permiso y casi ir brincando para que te dejaran salir de clase, y, creo que de mi generación nadie se traumó o enfermó de la vejiga por tener que demostrar que de a de veras necesitabas ir.
¿Cuántas veces fuiste elegido para borrar el pizarrón o sacudir los borradores con la asfixiada que te daba aspirar el polvo de los gises? Pero tú, casi con asma o bronquitis te sentías como pollo rostizado, ancho y en la vitrina de los elegidos y nos dejaban tarea y repetir cien veces lo que no te aprendías o si cometías una “falta a la moral”, como decir una palabrota malsonante como “menzo o tonto” a otro compañero, lo mismo y nunca te traumaste, al contrario te ponías más aguzado para la próxima y aun así salías a brincar la cuerda, quemados o volley ball remedio para que tus penas se quitaran sin tener que ahogarlas en substancias tóxicas que causan efecto en tu cuerpo. Aprendimos matemáticas, Civismo, Historia, Ética y muchas materias más sin mostrarnos la perversidad de los Dioses de nuestros ancestros.
Por eso hoy, me pregunto, ¿en qué momento se perdieron los tiempos de Don Simón y el Manual de Carreño y los actos cívicos como parte de la formación escolar?, ¿En qué momento permitimos que nuestros jóvenes fuesen perdiendo el concepto de patriotas y patriotismo?, ¿En qué momento los libros de texto se malversaron para ser libros que sacan de contexto la realidad que los ancestros vivieron para ir dañando la mente del niño y adolescente sin dejarlo descubrir por sí solo y a su tiempo el lado negativo del ser humano?
¿Desde cuándo se permitió a los padres golpear a los maestros o desde cuándo los mismos alumnos sacan su furia contra ellos? ¿Desde cuándo se cambió el sistema de valores por el de activadores en la sociedad?, o ¿Desde cuándo las peleas entre niños se convirtieron en un bulling real en escuelas donde los maestros carecen de autoridad y por ende usan el deja hacer, deja pasar para no involucrarse y así se matan niños, porque los maestros ya no pueden ser maestros aunque lo quieran, ahora son ejecutores de enseñanza?
Y aunque sé, conscientemente, que pertenezco a la prehistoria, guardo maravillosos recuerdos de mi época de infancia y adolescencia. Como maestra, actualmente observo con tristeza niños de Inteligencia Artificial, pegados a un aparato que les dice qué y cómo hacer prácticamente todo. No, no estoy generalizando porque aún hay niños y familias basadas en valores reales pero, cada día parecen disminuir más, ni estoy contra los avances científicos y tecnológicos pero el saber que algo muere, duele; el ir viendo cómo una sociedad cambia para vivir en antivalores que se aceptan como parte del cambio convirtiéndolo en algo normal, no sólo duele, asusta y paraliza pues, si nuestros nahuales fueron seres míticos que trascendían del mundo humano al animal, ahora han surgido los famosos “therians”, jóvenes que se colocan máscaras y caminan a gatas o aúllan o muerden al que está enfrente. Me pregunto: ¿Qué pasa con estos jóvenes que han perdido su identidad como evasión de un mundo que también perdió su dirección?, Mundo entremezclado con alter-egos y demencia no sólo senil, también juvenil; jóvenes submarginados en oposición a una sociedad que no se ocupa de ellos y es permisible en excesos, ¿Dónde está la familia y los padres? Es motivo de análisis en otra ocasión, por lo pronto, si usted como yo disfrutó su escuela, sus regaños, sus yoyos y más, escribame en angeldesofia@yahoo.com.mx Agradeciéndole su lectura y comentarios.