Gobierno de Celaya y habitantes de La Concepción financiarán al 50% la rehabilitación del pozo colapsado; la falta de recursos y el corto plazo generan inconformidad entre vecinos
El secretario de Obra Pública del estado, Juan Pablo Pérez Beltrán, sostuvo que hubo factores externos que atrasaron la construcción del complejo de seguridad que se ubicará en Celaya-Villagrán
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¿Aún recuerdas cuando eras niño e ibas a la escuela acompañado por tu papá o mamá y las clases iniciaban en Septiembre y terminaban en Junio y teníamos vacaciones de Semana Santa, Navidad y año Nuevo y esperabas la llegada del niño Dios con aquel sobresalto lleno de alegría, para días después comerte tu pedazo de rosca con chocolate o atole y tamales azorado por el misterio de los Reyes Magos y sus regalos que casi siempre eran, al menos en mi casa, dulces y ropa que probablemente necesitábamos y aún así, disfrutábamos esperando el día siguiente para regresar a clases ante maestros que siempre estaban presentes, lloviera o tronara, que nunca se enfermaban y que tenían el derecho de regañarte y hasta castigarte y tú, calladito llegabas a la casa, pues si se te ocurría decir del castigo, probablemente tus papás te aplicaban otra prerorrata por aquello de que el maestro siempre tenía la razón y pobre de tí si te enfermabas porque como no fuese pulmonía, tosferina o viruela, ni de chiste te dejaban faltar a la escuela tus adorados padres y la verdad, tú, tampoco tenías ganas de quedarte en casa porque bien que disfrutabas la escuela?
Pues quién no se acuerda de aquellos recreos donde jugabas matatena o canicas o las famosas “cebollitas”, a la una, a las dos y a las tres, a esconderse porque los encantados era uno de los juegos más divertidos y esperados, aunque nos cuidaran en el recreo los maestros, nadie pensaba en hacerse daño o en dañar a otros, aunque no faltaban los revoltosos y a veces montoneros que acosaban al más dejado, como tampoco faltaba el o la bien portada que siempre cargaba los libros del profesor(a) ante la envidia de los demás, pues en ese entonces era casi, casi, un honor cargarle los libros y no se diga si te mandaban por un libro a la biblioteca, caray, te sentías importante y no me digas que nunca cabeceaste para que los “gisazos” del profesor, harto de no ser escuchado, dirigía como proyectil de guerra contra el mal portado y sin consecuencia alguna para el maestro, sí para el malcriado, como no existía aquello como en esta modernidad escolar donde si tienes ganas de ir al baño solo sales y ya, !NO Señor!, se tenía que levantar la mano, pedir permiso y casi ir brincando para que te dejaran salir de clase, y, creo que de mi generación nadie se traumó o enfermó de la vejiga por tener que demostrar que de a de veras necesitabas ir.
¿Cuántas veces fuiste elegido para borrar el pizarrón o sacudir los borradores con la asfixiada que te daba aspirar el polvo de los gises? Pero tú, casi con asma o bronquitis te sentías como pollo rostizado, ancho y en la vitrina de los elegidos y nos dejaban tarea y repetir cien veces lo que no te aprendías o si cometías una “falta a la moral”, como decir una palabrota malsonante como “menzo o tonto” a otro compañero, lo mismo y nunca te traumaste, al contrario te ponías más aguzado para la próxima y aun así salías a brincar la cuerda, quemados o volley ball remedio para que tus penas se quitaran sin tener que ahogarlas en substancias tóxicas que causan efecto en tu cuerpo. Aprendimos matemáticas, Civismo, Historia, Ética y muchas materias más sin mostrarnos la perversidad de los Dioses de nuestros ancestros.
Por eso hoy, me pregunto, ¿en qué momento se perdieron los tiempos de Don Simón y el Manual de Carreño y los actos cívicos como parte de la formación escolar?, ¿En qué momento permitimos que nuestros jóvenes fuesen perdiendo el concepto de patriotas y patriotismo?, ¿En qué momento los libros de texto se malversaron para ser libros que sacan de contexto la realidad que los ancestros vivieron para ir dañando la mente del niño y adolescente sin dejarlo descubrir por sí solo y a su tiempo el lado negativo del ser humano?
¿Desde cuándo se permitió a los padres golpear a los maestros o desde cuándo los mismos alumnos sacan su furia contra ellos? ¿Desde cuándo se cambió el sistema de valores por el de activadores en la sociedad?, o ¿Desde cuándo las peleas entre niños se convirtieron en un bulling real en escuelas donde los maestros carecen de autoridad y por ende usan el deja hacer, deja pasar para no involucrarse y así se matan niños, porque los maestros ya no pueden ser maestros aunque lo quieran, ahora son ejecutores de enseñanza?
Y aunque sé, conscientemente, que pertenezco a la prehistoria, guardo maravillosos recuerdos de mi época de infancia y adolescencia. Como maestra, actualmente observo con tristeza niños de Inteligencia Artificial, pegados a un aparato que les dice qué y cómo hacer prácticamente todo. No, no estoy generalizando porque aún hay niños y familias basadas en valores reales pero, cada día parecen disminuir más, ni estoy contra los avances científicos y tecnológicos pero el saber que algo muere, duele; el ir viendo cómo una sociedad cambia para vivir en antivalores que se aceptan como parte del cambio convirtiéndolo en algo normal, no sólo duele, asusta y paraliza pues, si nuestros nahuales fueron seres míticos que trascendían del mundo humano al animal, ahora han surgido los famosos “therians”, jóvenes que se colocan máscaras y caminan a gatas o aúllan o muerden al que está enfrente. Me pregunto: ¿Qué pasa con estos jóvenes que han perdido su identidad como evasión de un mundo que también perdió su dirección?, Mundo entremezclado con alter-egos y demencia no sólo senil, también juvenil; jóvenes submarginados en oposición a una sociedad que no se ocupa de ellos y es permisible en excesos, ¿Dónde está la familia y los padres? Es motivo de análisis en otra ocasión, por lo pronto, si usted como yo disfrutó su escuela, sus regaños, sus yoyos y más, escribame en angeldesofia@yahoo.com.mx Agradeciéndole su lectura y comentarios.