Cada día nos complican más las formas para viajar, pero no deja de ser un verdadero placer el hacerlo, todo en nuestra vida es una historia y en esta ocasión a ese placer le añadí el regresar a la tierra querida, aunque ya no es la tierra conocida porque de que hay cambios, los hay y tal vez algunos no son favorables, así que en este viaje de reconocimiento del terruño tal vez no encontré nada nuevo en la ciudad pero me entró la certeza de que como ciudadanos confundimos alivio con seguridad, confundimos belleza con rendición y confundimos silencio con ausencia.
Cuando viajas, desarrollas una sensibilidad especial para ver lo que otros no perciben, lo sutil, lo etéreo, lo invisible, los cambios que en el fondo no se ven sean o no favorables, especialmente en el sentido de seguridad, sin embargo los encuentros familiares y de viejas amistades nos recuerdan nuestro origen y nuestros amores, los presentes y los ausentes, nos invaden los recuerdos, las ausencias y queda el deleite como una mezcla rara de sentimientos entremezclados entre nostalgia, alegría y un dejo de tristeza por lo que se fue y no volverá.
Aunque no somos los mismos mosqueteros de antaño, la amistad y la familia son un valioso tesoro que nunca dejan de reconfortarnos, porque hay cosas que los ojos no ven pero el cuerpo siente, verdades que la mente no comprende pero la intuición reconoce, como esa sensación en el estómago de cuando algo está o no bien, o la certeza inexplicable de que debes o no debes hacer algo.
Cuando regresas al terruño de tu niñez, adolescencia, juventud y mucho más, se da esa conexión instantánea como cuando acabas de reconocer algo que está en ti y permanece ahí, algo que no se puede medir ni explicar, pero sí se puede sentir. Es como cuando aprendes a hacer lo que se debe y te atreves a confiar en ello conectando ideas para ver, que aún complicada la atmósfera, tu identidad no es algo fijo y se construye con una serie de experiencias que conectas o conviertes en una narrativa y te das cuenta que el pasado tal vez, no es lo que pasó, sino que lo has conectado a esos momentos que viviste y los observas con una simple conclusión de que tu pasado no es lo que tu retienes en tu memoria, sino que tu pasado se convierte en lo que enfocas tu memoria para explicar quién eres hoy y mientras paseas por las calles que te vieron crecer, noviar, casarte y lo que sigue, te das cuenta que el futuro no es un destino escrito, sino una serie de posibilidades que también conectas según lo que crees posible y la realidad del presente te hace comprender que todo, absolutamente todo en la vida es una conexión de ideas y todo es parte de tu historia y cuando lo entiendes, te quedas sin excusas, porque, si todo es una historia, nada está escrito, nada es permanente y nada es definitivo, tienes el libre albedrío para cambiar, cambiar como conectas las ideas, cambiar el significado de lo que viviste en tu percepción y por lo tanto, cambiar quien tu crees que eres, muchos creen que cambiar su vida es cambiar sus circunstancias, se equivocan, cambiar tu vida es cambiar la historia que te cuentas sobre ella recordando que hay cosas que tus ojos no ven pero tu cuerpo siente, verdades que tu mente no comprende pero tu intuición reconoce, desarrollas esa sensibilidad que te permite ver lo que otros no perciben...Lo sutil, lo etéreo, lo invisible, y eso, es lo mejor que nos puede pasar porque siempre habrá espacio para más: Más amor, más experiencias, más aprendizajes.
Por eso, la vida es tan emocionante, porque sin importar cuánto tengas o hayas hecho, siempre hay espacio para más y si encuentras ese espacio escríbeme en angeldesofia@yahoo.com.mx. Gracias.