Otro caso notable ocurrió en 2022 en México, en el estado de Puebla, donde un adolescente de 16 años asesinó a su compañero de clase tras un conflicto en la escuela.
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La serie británica Adolescencia no despertaba en mí un deseo inmediato de verla, quizás debido a la crudeza que anticipaba y la confrontación directa con nuestra propia realidad. No obstante, decidí verla el pasado fin de semana, atraído por la profunda huella que dejó tras su estreno el 13 de marzo.
Disponible en Netflix, Adolescencia ha captado la atención de audiencias globales al retratar, con una autenticidad conmovedora, la vida de los adolescentes en un entorno donde los desafíos emocionales, psicológicos y sociales se entrelazan con las presiones del mundo digital. La serie ofrece una mirada profunda a las experiencias y luchas internas de los jóvenes, explorando su identidad, relaciones y el impacto de las nuevas tecnologías en su desarrollo. A través de un análisis que abarca tres ejes fundamentales —el mundo digital, la psique y la sociedad actual— podemos comprender cómo la serie refleja las complejidades de esta etapa crucial de la vida.
Adolescencia sigue a Jamie Miller, un joven de 13 años acusado de asesinar a Katie, una compañera de escuela, a quien apuñaló siete veces con un cuchillo de cocina. En la trama también se aborda el concepto de “INCEL”, un acrónimo de Involuntary Celibacy (Celibato Involuntario), que ha evolucionado, perdiendo su significado original y vinculándose, en la actualidad, con crímenes impulsados por la misoginia, promoviendo una visión extremista de odio hacia las mujeres. Este fenómeno, alimentado por una mirada masculina distorsionada, pone en riesgo a las mujeres, replicando prácticas de odio que requieren urgente atención.
La adolescencia, como concepto cultural y social, ha sido interpretada y abordada de distintas maneras a lo largo de la historia. En la antigua Grecia, por ejemplo, los jóvenes de entre 12 y 18 años eran considerados en un proceso de formación hacia la madurez, en el cual la educación era vista como un camino crucial para alcanzar la virtud. Filósofos como Aristóteles entendían la adolescencia como una fase en la que los impulsos de los jóvenes, aún descontrolados, necesitaban ser canalizados a través de la educación ética y moral. Para ellos, la adolescencia era un periodo de transición entre la niñez y la madurez, que debía estar guiado por la razón y el equilibrio.
En la Edad Moderna cuando la adolescencia comenzaría a ser reconocida como una etapa diferenciada del crecimiento humano. Durante la Revolución Industrial, a medida que las sociedades occidentales pasaban por profundos cambios económicos y sociales, emergió la necesidad de una distinción más clara entre la infancia y la adultez. Este proceso se consolidó a través de la educación formal, que comenzó a estructurarse de manera que los adolescentes pasaran más tiempo en las aulas y menos en el ámbito productivo, un cambio que dio origen al concepto de la adolescencia tal como la conocemos hoy en día.
En el siglo XX, el psicólogo estadounidense G. Stanley Hall, considerado el padre de la psicología del adolescente, propuso que la adolescencia es una etapa de “tormenta y estrés”. Su trabajo, Adolescence (1904), influyó en la visión contemporánea de esta fase como una etapa de crisis emocional y desarrollo turbulento. Según Hall, los adolescentes experimentan cambios hormonales y psicológicos que los colocan en un conflicto constante entre los deseos de independencia y la dependencia de la figura parental, lo que genera una lucha interna. Aunque hoy día las investigaciones han matizado esta visión, su influencia en la psicología y la educación sigue vigente.
En la actualidad, la violencia entre los adolescentes ha alcanzado niveles alarmantes, y varios casos recientes en distintas partes del mundo demuestran cómo esta problemática se ha vuelto cada vez más presente. Por ejemplo, en Estados Unidos, se ha documentado un creciente número de tiroteos en escuelas perpetrados por jóvenes, como el caso de la masacre en el Instituto de Secundaria de Parkland, Florida, en 2018, donde un adolescente de 19 años mató a 17 personas e hirió a otras 17. Este tipo de violencia, a menudo relacionado con problemas emocionales y psicológicos no atendidos, resalta las profundas crisis que atraviesan muchos jóvenes.
Este hecho, más que un simple acto de violencia escolar, reflejó las tensiones internas del joven, atrapado entre un entorno familiar problemático y el creciente aislamiento social que experimentaba. No vayamos más lejos el fin de semana fue atacado el periodista Renán Martinez Casas pues un joven se metió en su casa y el comunicador de Mitla Oaxaca al asomarse ante el ruido fue objeto de ataques y según varios medios paso de ser el agredido a el agresor de un muchacho que ya sea por cumplir un reto o con intenciones desconocidas se metió en propiedad privada. La juventud no debe ser un escudo protector de la generación de cristal que apela a la inmunidad de la edad y a un salvoconducto de la inocencia lo cierto es que ni uno ni otro fortalece a los jóvenes. Las apariencias engañan y debemos evitar tipo de especulación y linchamientos.
La adolescencia también ha sido objeto de reflexión. El filósofo alemán Immanuel Kant, en su Crítica de la razón pura, sugería que los jóvenes pasan por una fase de crecimiento que culmina cuando son capaces de tomar decisiones racionales y éticas. Esta transición entre la inmadurez y la madurez, que él concibió como parte del desarrollo de la autonomía personal, se refleja claramente en los dilemas éticos y existenciales que enfrentan los personajes de Adolescencia.
El pensador francés Jean-Paul Sartre, desde su perspectiva existencialista, planteaba que la adolescencia es un periodo de confrontación con la “angustia de la libertad”. En su visión, los adolescentes, al comenzar a tomar conciencia de su propia existencia, se enfrentan a la angustia inherente a la libertad de elegir su camino, libre de las estructuras impuestas por la sociedad y la familia. Esta lucha por la libertad individual y la autenticidad se plasma de manera palpable en los personajes de Adolescencia, quienes atraviesan conflictos internos mientras intentan encontrar su lugar en un mundo que exige definirse a toda costa.
La adolescencia no es simplemente una fase de rebeldía o conflicto, sino una etapa fundamental en la formación del ser humano. Es en esta fase cuando se comienzan a consolidar las bases de la identidad, la personalidad y el sentido del "yo". Durante estos años, los adolescentes exploran el mundo exterior, pero también profundizan en su propio interior. En este sentido, es un periodo esencial en el proceso de autodefinición.
De acuerdo con Erik Erikson, otro influyente psicoanalista, la adolescencia es una etapa clave en la búsqueda de identidad. Según su teoría de las etapas del desarrollo psicosocial, durante la adolescencia los individuos atraviesan la “crisis de identidad”, que implica una exploración profunda de su papel en la sociedad y su relación con los demás.
Esta fase, en la que los jóvenes exploran su autonomía e independencia, es crucial para el desarrollo de un sentido coherente del ”yo”;. Los adolescentes enfrentan conflictos relacionados con sus valores, creencias y metas, y en este proceso de exploración es cuando realmente se forjan los cimientos de su personalidad adulta.
Entender la adolescencia como una etapa de crecimiento implica reconocer la importancia de los retos que enfrentan los jóvenes. Aunque los conflictos emocionales y sociales son inevitables, es fundamental que los adultos y las instituciones educativas reconozcan la adolescencia como una fase natural y esencial del proceso de maduración. La influencia del entorno, las experiencias sociales y el acceso a modelos de comportamiento saludables son cruciales para guiar a los adolescentes en este tránsito hacia la madurez emocional.
Hoy en día, la adolescencia se enfrenta a nuevos retos que se derivan de la creciente influencia del mundo digital. La serie Adolescencia refleja cómo las redes sociales, la sobreexposición pública y la necesidad de validación digital impactan profundamente en la salud emocional de los jóvenes. En un mundo en el que las imágenes y las apariencias parecen ser más importantes que la autenticidad, los adolescentes luchan por encontrar su identidad en un entorno que les exige conformarse a ideales externos, a menudo inalcanzables.
Los temas de violencia, suicidio, aislamiento y depresión entre los adolescentes son cada vez más comunes. Casos como los tiroteos en escuelas de Estados Unidos, donde jóvenes realizan actos de violencia extrema, o el auge de los grupos de odio en línea que promueven ideologías misóginas y extremistas, muestran cómo los adolescentes, a veces desorientados y vulnerables, se ven atrapados por discursos destructivos. La serie Adolescencia no solo refleja estas realidades, sino que invita a una reflexión profunda sobre el papel que juegan la familia, la sociedad y la tecnología en la formación de los jóvenes.
Además, la serie aborda de manera sutil la relación entre la violencia y la cultura de odio que, en ocasiones, se asocia a la adolescencia. El fenómeno INCEL, descrito en la serie, es un claro ejemplo de cómo la falta de identidad, sumada a un sentimiento de impotencia y rechazo social, puede llevar a los jóvenes a adoptar ideologías violentas que justifican el daño hacia los demás como una forma de venganza.
En resumen, Adolescencia no solo ofrece una reflexión profunda sobre los dilemas psicológicos y emocionales que enfrentan los jóvenes en la actualidad, sino que también invita a reconsiderar la importancia de la adolescencia en el proceso de crecimiento humano. Históricamente, la adolescencia ha sido entendida como una fase de transición esencial, en la que los individuos enfrentan la angustia existencial de la libertad y la necesidad de autodefinición. En la sociedad contemporánea, los desafíos que los adolescentes enfrentan, exacerbados por las presiones sociales y digitales, requieren una atención urgente y una mayor comprensión de la complejidad de esta etapa.
La adolescencia es una fase decisiva en la vida de cualquier ser humano, ya que es el momento en el que comienzan a consolidarse la identidad, los valores y el sentido del “yo”;. Es un periodo fundamental para el crecimiento emocional, intelectual y social, yreconocer su importancia puede ser la clave para ofrecer a los jóvenes las herramienta snecesarias para afrontar los retos de la adultez con éxito y bienestar.