El dilema de los huérfanos
La elección de 2018 no sólo representó el triunfo arrollador de López Obrador para la presidencia de México, también representó la quiebra de los partidos políticos tradicionales.
PAN, PRI y PRD implosionaron y quedaron diezmados, deslegitimados, sin narrativa, banderas ni liderazgos. Los partidos fueron víctimas de sus excesos y los ciudadanos les cobraron la factura y les retiraron sus votos.
De entonces, PRI, PAN y PRD pasaron de gobernar 30 estados (14+11+5) antes de junio de 2018, a sólo gobernar ocho (3+5+0) estados en la actualidad.
El dilema de los huérfanos surge en esta coyuntura. La orfandad que se produce ante la pérdida de líderes morales y políticos que cumplían el papel de faros referenciales en tiempos de gran confusión y polarización, como los que vivimos actualmente.
No se puede hacer un partido nuevo sino hasta después de la elección de 2024 por lo que tenemos que lograrlo con ellos, pero no así.















