Análisismiércoles, 21 de enero de 2026
Groenlandia, al costo que sea
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Días después del ataque de Estados Unidos a Venezuela y la captura del presidente Nicolás Maduro, circuló en redes sociales un mapa del mundo que diseccionaba en tres grandes franjas los afanes imperialistas de Trump, Putin y Xi. El nombre del estadunidense estaba escrito sobre el continente americano y el territorio de Groenlandia.
Trump publicó ayer una imagen elaborada con IA en la que aparece junto a su vicepresidente y su secretario de Estado posando la bandera de las barras y las estrellas junto a un rótulo con la leyenda “Groenlandia, territorio de Estados Unidos”. En otro dibujo aparece el mandatario en la Oficina Oval junto a sus homólogos europeos y al fondo un mapa con la bandera estadunidense sobre los territorios de Canadá y Venezuela.
Trump siempre supera a Trump. Durante la campaña presidencial reiteró una y otra vez que su país no provocaría ninguna guerra y que retiraría a tropas de zonas de conflicto. Pero este lunes dio un giro abismal. Dijo que, al no haber sido galardonado con el Premio Nobel de la Paz ya no se siente obligado a buscar la paz (mundial).
Aunque ya había manifestado su objetivo de anexionarse el territorio del Ártico antes de volver a la Casa Blanca, acaba de desvelar que su intención se sustenta por la negativa de Noruega de concederle el galardón aun cuando es un Comité independiente el que lo entrega. La decisión entonces tiene que ver con un berrinche.
A estas alturas no se ve cómo Europa puede frenar sus ansias expansionistas que, mediante una compra o por la fuerza se haría de esa gran isla de 2.1 millones de kilómetros cuadrados (similar a nuestro país). Informes indican que Ronald Lauder, heredero del imperio de cosméticos Estée Lauder y amigo del magnate, está detrás de la idea por las tierras raras y la riqueza mineral que posee esa zona.
Asistimos a la restauración de lo que el presidente francés ha dado en llamar el enfoque neocolonial. Europa aturdida parece no haber advertido de lo que se venía y de la grave amenaza a su integridad territorial. No dio credibilidad a la amenaza estadunidense ni a la invasión de Rusia a Ucrania que pronto cumplirá cuatro años, ejemplo de ello es que varios países han tenido que buscar fuentes alternas de gas del que Moscú era su principal proveedor.
La OTAN, diseñada como un espacio de defensa común bajo la hegemonía militar norteamericana está hoy en una encrucijada: uno de sus miembros (Dinamarca) puede ser ocupado por otro socio, lo que haría inviable su existencia. Europa confió durante años su seguridad a EU y ahora parece estar a su suerte. Cuando Trump les obligó a incrementar su gasto en defensa ya era demasiado tarde.
Cada día las amenazas y un potencial conflicto van al alza. Ocho naciones decidieron enviar un despliegue de efectivos para realizar maniobras militares a Groenlandia. Ante la medida Trump anunció nuevos aranceles de hasta 25% a esos países hasta que la capital danesa acuerde la venta de la gran isla de hielo.
“La Unión Europea se creó para joder a Estados Unidos” dijo Trump en febrero pasado al anunciar los primeros aranceles. En las grandes capitales europeas priva la cautela, el silencio y hasta el sometimiento. Los consensos creados después de la Segunda Guerra Mundial vuelan por los aires y un nuevo (y agitado) orden mundial caracterizado por la brutalidad y la fuerza ha irrumpido con tambores de guerra.