La moviola / “Frankenstein”
En un momento crucial de “Frankenstein” (Guillermo Del Toro, 2025), un personaje plantea el siguiente concepto: Puede no ser real, pero es verdadero. Ese instante guarda mucho del espíritu de lo que es el nuevo filme del cineasta nacido en Guadalajara en 1964.
Porque la nueva adaptación del clásico escrito por Mary Shelley y publicado en 1818, es un honesto pretexto para que el director, dé un testimonio personal y artístico de la vida, el arte, la creación y las relaciones filiales.
La película, que espera un estreno mundial a través de Netflix, en apariencia guarda las formas de un Blockbuster hecho y derecho, pero estamos ante una obra, sí de un formalismo clásico, aunque también en el fondo una confesión entre líneas y no tan sutiles.
No puede resultar lenta en su ritmo, a pesar de sus 149 minutos de duración, porque es este tipo de obras, que hablan en muchos sentidos, sobre todo emocionales, personales, al espectador en lo individual. Susurra pues, de manera muy sutil.
La llegada de un hermano menor, “William” (Felix Kammerer), antes de la muerte de la baronesa “Lavenza” (Mia Goth) enturbia más la relación filial.
“Victor” tomará su camino, con las rupturas emocionales que corresponde. Por ahí va la primera mitad del filme.
Ya adulto, querrá desafiar a la vida y la naturaleza a través de la creación de un monstruo, interpretado por Jacob Elordi, quien tomará poco a poco conciencia de su existencia y por lo tanto de su soledad.
El monstruo, pedirá al responsable de su ¿existencia? una compañera, a lo que el científico se negará, agobiado por los remordimientos de lo que ha hecho.
“Frankenstein” exigirá en un principio al monstruo que llene sus expectativas, pero pronto se sentirá decepcionado y sobre todo horrorizado ante su creación.
















