La trampa de lo inmediato
Vivimos con la urgencia clavada en el corazón. Todo nos exige que tenía que resolverse para ayer: las obras , las leyes , la justicia y, por supuesto, las respuestas del gobierno.
Si no hay un anuncio hoy, si no hay foto o un video circulando antes de que termine el día, la sensación general es que no se hizo nada. La política terminó atrapada en esa misma prisa.
Pero el tiempo de la política se ha reducido a minutos.
En lugar de proyectar el impacto a largo plazo, parece que se privilegia lo que se puede inaugurar pronto o lo que genera conversación “ahorita”. Es una política de corto alcance : decisiones pensadas para el aplauso del momento, pero no necesariamente para el bienestar del futuro.
Esa tensión es especialmente dolorosa cuando hablamos de construir nuestras ciudades.
Sin embargo, hoy nos gana la ansiedad del efecto inmediato y en esa carrera perdemos lo más valioso: la conversación de fondo. El debate que toma tiempo. La humildad de escuchar más de lo que se habla.
La inmediata puede darnos titulares y momentos de popularidad. Pero los cambios que realmente transforman a una sociedad se construyen con calma, con discusión y con una mirada que sea capaz de ver más allá del próximo domingo.
Quizás nuestro mayor desafío sea ese: recuperar la capacidad de pensar a largo plazo en una cultura obsesionada con el instante. Porque el futuro no se construye con la urgencia de un like; se construye con decisiones silenciosas que, posiblemente, no se noten hasta dentro de muchos años.
Especialista en temas de Planeación y Desarrollo
@gabysalido
















