Análisissábado, 21 de febrero de 2026
Tech trends / Condenados a recordar
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Para algunos, recordar es volver a vivir; para otros es volver a morir. Todo depende del recuerdo, de lo que pasó, de lo que se vivió. Tan bueno como para querer recordarlo siempre o tan malo como para querer olvidarlo. Pero ¿realmente alguien puede llegar a olvidar? Es algo que la humanidad ha intentado hacer desde siempre. Los recuerdos buenos han sido infravalorados porque los damos por hecho, pero los malos… los recordamos más, aunque queremos olvidarlos. A veces, la ciencia y la tecnología nos han hecho pensar que los recuerdos malos y desagradables deberían ser borrados de la mente para poder hacer de esa persona que los tiene una más feliz o más “buena”.
Por ejemplo, la terapia electroconvulsiva (ECT), o “electroshocks” como la conocemos, llegó a usarse para hacer que los “locos” dejaran de serlo, hacerles un reseteo de su memoria y poder integrarlos a la sociedad. O lo que le pasó a Chris, quien, según un documento de la BBC, recibió una “terapia de reconversión” para que, a través de descargas eléctricas, se modificara su orientación sexual en la década de los 70. Obvio, no funcionó más que para generar traumas y resentimientos.
Después, la humanidad entendió que borrar la memoria es algo extremo, delicado y que no funcionaba tan bien, así que mejor adormecemos los sentimientos cada vez que ese recuerdo vuelve. Para eso existe el propranolol que, administrado en el momento de revivir el recuerdo, le baja el volumen al sentimiento y duele menos, algo así como lo que hacen el alcohol o las drogas, pero con un poco más de ciencia y menos de adicción.
Y también hay rutas más esperanzadoras: las terapias que enseñan al cerebro a dejar de encender la alarma cada vez que aparece un recuerdo traumático. Incluso se investiga combinar psicoterapia con estimulación del nervio vago para mejorar casos resistentes de estrés postraumático. Para los adictos existe la neuromodulación, que busca modular aquellos “detonadores” que los llevan a consumir sin control.
En animales, la neurociencia trabaja con la idea de engrama, que es un conjunto de neuronas que codifican un recuerdo y que, con herramientas como la manipulación de circuitos, ha logrado alterar la recuperación de memorias en modelos animales. Increíble, pero hoy está en el terreno experimental, no en personas.
Al final del camino, los recuerdos somos nosotros. Son algo así como nuestra alma; son lo que nos hace ser. Cada vez que recordamos, lo resignificamos, lo entendemos distinto y probablemente lo modificamos, pero esa pequeña imagen, ese fragmento de música, ese olor o ese color nos van a hacer vivir y revivir. Lo importante es entender que los recuerdos nunca se van. En algún momento van a tocar la puerta porque nos enseñan, a diario, o nos atormentan, a diario. Es una decisión personal.