Más de 20 negocios en el corredor turístico resultaron afectados, mientras las autoridades continúan con la limpieza tras el siniestro que no dejó víctimas
En estas demarcaciones casi una de cada cuatro mujeres mayores de edad son propietarias, una cifra que aunque está por encima de lo registrado a nivel nacional aún es muy baja
Aunque en 24 estados ya se logró su despenalización, es necesario reformar el marco legal para eliminar el delito y detener la criminalización de las mujeres
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Reconocer a Palestina como Estado en el contexto actual internacional lleva consigo un mensaje contradictorio. Varios países dieron el reconocimiento la semana pasada en nombre de la paz y apelando a la vieja fórmula de “la solución de dos Estados”.
El planteamiento es una paradoja que vale la pena llevarse como reflexión, en principio porque, las acciones que buscamos tengan resultados de paz, deben estar medidas y valoradas por todos los ángulos probabilísticos para probar o bien, tener altas probabilidades, de que realmente contribuyan a ello.
No es más que un discurso político, considerar que en este momento el reconocimiento del Estado palestino contribuya a la paz, o bien, a detener la crisis humanitaria en Gaza, mucho menos para proteger a los civiles palestinos que son víctimas de su propio gobierno y del conflicto detonado por éste. Otorgar legitimidad a un liderazgo que ha rechazado en numerosas ocasiones la convivencia pacífica con Israel, conduce a premiar el terrorismo y la violencia. ¿Cómo se puede reconocer como legítimo un Estado cuyo gobierno de facto está en manos de una organización terrorista?
Es solo un discurso político porque al escuchar las palabras de Keir Starmer y de sus homólogos y hacer una relación con la realidad, todo se queda en la retórica, no hay viabilidad porque han reconocido al actor de este conflicto que no busca la coexistencia. Como dijo, Abu Eid: “Palestina nunca ha tenido tanto poder en el mundo como ahora”. La pregunta inevitable es: ¿quién tiene ese poder y que pueden hacer con el? ¿qué es exactamente lo que el mundo está premiando? Porque si entramos en reflexión, podríamos pensar que el reconocimiento otorgado por varios países aplaude directa o indirectamente la violencia del 7 de octubre, los discursos de odio, el terrorismo. ¿Qué se está reconociendo? ¿La legítima aspiración del pueblo palestino a un Estado… o el triunfo del terror como estrategia política?
Reconocer hoy a Palestina bajo estas condiciones no es un acto de justicia, ni de paz, ni de solidaridad. Es, en los hechos, legitimar a quienes se han servido del terror como herramienta política. Es legitimar principalmente la opresión del pueblo, palestino, la ausencia de elecciones libres, el uso de civiles como escudos humanos, la violencia, y es, además, enviar al mundo un mensaje: que el terrorismo paga, que la violencia puede traducirse en poder diplomático y que todo ello, rinde frutos.
Las acciones siempre llevan mensajes de por medio, y éstas, lo que dicen entre líneas es que, la violencia recompensa y se reconoce. La solución de dos Estados solo sería viable si ambos reconocen la existencia del otro, si hay voluntad real de coexistencia. La historia ha arrojado la verdad de esto en repetidas ocasiones. Mientras eso no ocurra, los reconocimientos internacionales seguirán siendo meros ejercicios de retórica diplomática que, lejos de acercar la paz, se inclinan ante la opinión pública y prefieren cerrar los ojos al auténtico problema que consume al pueblo palestino y evitar acciones reales que promuevan soluciones viables.
El verdadero conflicto es que Gaza se ha convertido desde la salida de Israel, en una base de terror y una plataforma de violencia y en un sistema donde se usa al propio pueblo como escudo. La verdadera responsabilidad internacional es impulsar soluciones para que los palestinos logren una vida digna, libre de opresión, miedo y manipulación. Mientras se siga gobernando con el terror y la aniquilación como objetivos, el reconocimiento es legitimar su proyecto; un proyecto que afecta a toda la región y al mundo, pero sobre todo a los civiles palestinos.
Este reconocimiento no es una derrota para Hamás como lo expresó Macron, no es tampoco una derrota al antisemitismo y al antisionismo sino todo lo contrario. No compremos boletos falsos a la paz, apostemos por condenar lo condenable.
Y, ¿qué dice Hamás? Celebra el reconocimiento como “un paso relevante” para afirmar el derecho del pueblo palestino, lo llama “un homenaje a la lucha” y exige que sirva para aislar a Israel. Eso no es lenguaje de paz. Es el lenguaje de la guerra. Mientras, tantos otros salen de la asamblea de la ONU para no escuchar el discurso de Benjamín Netanyahu y manifestar su posición. La verdadera diplomacia es escuchar todas las perspectivas, la paz no se construye con la verdad de unos cuantos ni con oídos sordos a lo que incomoda. La paz se construye enfrentando realidades, y hoy la realidad es que reconocer sin condiciones reales es abrir la puerta a que el terror se vista de legitimidad.