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Méxicodomingo, 20 de enero de 2019

Dan el último adiós a víctimas de explosión en Tlahuelilpan

Los familiares de los desaparecidos en el siniestro se solidarizaron y acompañaron a quienes dieron sepultura a sus seres queridos

Rosalía Maldonado / El Sol de Hidalgo

A dos días del suceso, la población todavía no alcanzaba a dimensionar el grado de la tragedia, pero la presencia de los tres ataúdes y el mensaje del presbítero Arturo Santos, durante el servicio religioso que tuvo lugar al medio día, caló hondo.

Por 5 minutos se salvó. "Me fui del lugar porque era una bomba de tiempo"

Tras hacer oración por los heridos que se encuentran hospitalizados, pidió para que la comunidad no vuelva a tener esta experiencia dolorosa.

“Y por qué no decirlo también, vergonzosa”, dijo.

El silencio se hizo, mientras muchos asentían. Con ese pesar a cuestas, el acompañamiento fraternal de cientos de personas confortó y apoyó a los deudos y al pueblo.

Sollozos, se dejaban escuchar de cuando en cuando, en especial cuando los féretros fueron conducidos a las tres carrozas, una blanca, una gris y una color arena, que esperaban en el enorme atrio junto a decenas de coronas.

Tardaron en salir del sitio, porque muchos buscaban consolaron a viudas, madres y jóvenes hijos, principalmente, quienes eran los más afectados. Y porque en el sitio se encontraba mucha gente que llegó en una peregrinación.

“¿Por qué tuvieron que ir?, ¿Por qué no los detuvieron?, ¡No es justo!, ¡Esto no tenía que haber pasado!”, eran algunas de las exclamaciones que se dejaron escuchar de los dolientes.

No prevalecía el negro en los atuendos de los feligreses que se dieron cita al servicio religioso.

Parecía que nadie quería dar testimonio de que la muerte les arrebató, hasta ayer, en San Primitivo, 85 vidas.

La gente, por algunos instantes, puso por encima de su propio dolor por no saber nada de sus seres queridos, su sentimiento de solidaridad y fue a consolar a quienes tenía que sepultar a sus muertos.

Dos féretros fueron subidos a las carrozas blanca y gris, que salieron una detrás de otra del atrio mientras los deudos y amigos les seguían en silencio.

El último no fue subido al vehículo de la agencia funeraria, familiares y amigos decidieron que cargarían el ataúd en hombros hasta el panteón.

Éste era el cortejo más pequeño, pues la muchedumbre se dispersó en el atrio y algunos decidieron hacer el recorrido en sus vehículos.

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