En la zona serrana se esperan temperaturas bajo cero y posibles heladas durante las primeras horas del día; exhortan a protegerse de las condiciones climáticas
El gobierno municipal proyecta abrir la alberca rehabilitada al 100% para fortalecer la atención física y la recuperación motriz de las familias parralenses
¿Te quedas fuera de la conversación? Mandamos a tu correo el mejor resumen informativo.
Es verdad que todos los países del mundo, en algún periodo de su historia, atraviesan por situaciones difíciles: por cuestiones climatológicas, epidemias, crisis económicas, guerras y más. Sin embargo, gracias a la resiliencia, sus valores y la fortaleza de su gente, logran superar el momento difícil y continúan escribiendo su historia.
En ese contexto, nuestro país no ha sido la excepción; a lo largo de su historia se ha sabido sobreponer a muy diversas circunstancias: desde una colonización que duró tres siglos, la imposición de un imperio, invasiones extranjeras, guerras externas e internas, una revolución, guerrillas internas, entre otros conflictos armados, sociales y políticos. Incluso podemos decir que se ha impuesto al desafío de ocupar una posición geográfica donde uno de los vecinos, aprovechando las circunstancias, logró quedarse con gran parte de su territorio, y a lo largo del tiempo ha luchado con vientos a favor y en contra de esa posición geográfica.
Un país rico en recursos naturales como el nuestro ha sabido darle de comer a sus hijos; les ha brindado múltiples oportunidades para vivir y disfrutar de toda su geografía, de su historia, de su riqueza cultural y del legado de los pueblos originarios. Le ha brindado a su gente un hogar, un refugio, un orgullo de pertenencia y de identidad. México, como nación soberana, siempre ha sido más grande que cualquier dificultad, más grande que cualquier grupo o persona; su riqueza va más allá: en sus calles, en sus pueblos y en sus ciudades, en todo el territorio, se respira y se siente un espíritu de cuerpo que nos une como una nación vigorosa con profundas raíces.
Sin embargo, los enemigos o los problemas no siempre vienen de más allá de las fronteras, tampoco de las cuestiones propias de la naturaleza; en ocasiones son los propios hijos de esta gloriosa tierra quienes, guiados por intereses diferentes —egos, poder, dinero, qué sé yo—, actúan afectando la paz y la grandeza de toda una nación. Y no solo son aquellos que se dejan guiar por intereses contrarios a los de la mayoría de la población, sino aquellos que, jurando cumplir y hacer cumplir la ley, son omisos en el mejor de los casos y, en el peor, cómplices activos de eso a lo que solemos llamar delitos.
México es una gran nación; cierto, con fortalezas y debilidades, con un pasado y con un presente que se construye día a día. Hoy, a esta generación nos ha tocado vivir recientemente una pandemia donde un pequeño enemigo puso en jaque no solo a este país, sino a todo el mundo. En tiempos recientes, la violencia ejercida por muy diversos actores y por distintas circunstancias ha puesto en serios predicamentos a la mayoría de la población, y es ahí donde cabe la pregunta: ¿México se lo merece?
En verdad, teniendo una nación tan grande, hermosa, rica en recursos naturales, historia y cultura, pero sobre todo rica en la grandeza de su gente, ¿en verdad México merece que como hermanos nos estemos destruyendo, amenazando y atemorizando? No lo sé, pero es probable que no.
Cierto es que la tarea de esta generación debe ser, más que destruir, seguir construyendo la grandeza de esta gran nación. La obra no está terminada y hoy tenemos la gran responsabilidad de aportar lo que nos corresponde como personas, como ciudadanos, como hijos de esta tierra. Seguro que esta tarea será más gratificante si como mexicanos encontramos el rumbo y todos vamos en ese mismo sentido; creo que México se lo merece y nosotros también.