Análisisjueves, 16 de noviembre de 2017
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CAMINAR ERA la única manera que teníamos para trasladarnos de un lugar a otro. La naturaleza nos dotó de extremidades inferiores para movilizarnos y transitar hacia donde nuestras propias fuerzas nos lo permitieran. Primero en busca de los animales de caza para llevar al hogar el alimento diario y luego en busca de nuevos horizontes; de comunicación con nuestro congéneres y posiblemente para conducirnos hacia las zonas de trabajo. Hasta hace poco, todo estaba prácticamente “a la mano”.
PARA NUESTRAS complicaciones (hablando específicamente de los humanos), los asentamientos, las pequeñas comunidades, los pueblos y luego las ciudades se fueron extendiendo y las piernas fueron insuficientes para salvar semejantes distancias, sobre todo en el tiempo que para ello necesitábamos, ya sea entre el hogar y el trabajo, entre el trabajo y las zonas de abastecimiento y entre todo ello y nuestras crecientes necesidades.
DE ESA MANERA -o de otras parecidas- surgió el transporte público, primero con la ayuda de los semovientes para tirar del carromato o diligencias, llámense burros, bueyes o caballos y luego en los primigenios vehículos impulsados por vapor o por un motor de combustión interna y finalmente hasta lo que actualmente mueve a millones en todas las poblaciones y ciudades del mundo.
EN PASADOS AÑOS, cuando la necesidad superaba a la calidad y al confort, cualquier cosa era buena para trasladarnos de un lugar a otro y por lo menos en Puebla, pero generalmente en todo el país, los usuarios fueron testigos de estos cambios. Éramos y seguimos siendo, copiadores de todo lo que sucede en el mundo, aunque bastante lentos. Mientras en otras ciudades hace décadas que el transporte ya cumple con las especificaciones requeridas (autobuses y autos limpios, funcionales, no contaminadores, cómodos, etc.) en Puebla y en todo México toda la cuadrilla, hasta hace seis años, se caía de vieja, de sucia, obsoleta y anacrónica. Eran los tiempos de “no había de otra”.
DESDE FINES DEL siglo pasado, pero sobre todo en lo que va del que actualmente vivimos, el transporte público en México está experimentando una transformación extraordinaria, no sólo por las reiteradas exigencias de los usuarios, sino por el incremento de turistas nacionales y extranjeros y por la imagen positiva cada día más difundida en el mundo de ésta, nuestra capital.
DECÍAMOS EN UNA entrega anterior, que la mala calidad del servicio de transporte en Puebla había causado en la sociedad la necesidad de adquirir otro tipo de transporte, obligándola a mirar hacia el lado opuesto. O sea, hacia la adquisición de un automóvil nuevo o usado cuyo efecto ya es visible en el aumento de la contaminación, en el exceso de vehículos en las calles poblanas y en la lentitud con la que los poblanos nos movilizamos todos los días.
PERO NO TODO es para siempre. La inauguración en esta capital del Puebla-Bus (RUTA) y sus respectivas arterias, que diariamente con sus dos líneas recorre de norte a sur y de oriente a poniente la ciudad ya es un alivio, pues ello no sólo significó un mejor servicio para la ciudadanía, sino el retiro de varias líneas de viejos autobuses que cubrían el mismo trayecto. La línea 3 que circulará por todo el bulevar Héroes del 5 de Mayo y parte de la calzada Carlos Camacho Espíritu (Valsequillo), sustituirá a 8 o 10 líneas que hacen un trayecto similar, cuyos concesionarios se sumarán como socios a este nuevo proyecto que –creemos- no tiene fin.
PERO NO SÓLO LOS viejos camiones eran obsoletos. Lo era (y lo sigue siendo) el sistema de camión-chofer que utilizan todas las líneas de autobuses, tan del agrado de los concesionarios, pues con ello no sólo reciben diariamente una cuota fija de los conductores, sino que por no estar debidamente contratados, se deslindan de proporcionar a los mismos todos los beneficios que por ley tienen derecho como el Infonavit, el IMSS, un ahorro para el retiro, un sueldo base, etc.) ¡Qué cómodo!, ¿no? Y más cuando las autoridades competentes se los han permitido sin objetar nada.
RESPECTO A LOS taxis, las empresas Uber y Cabify llegaron a Puebla como un bálsamo en medio del caos, hasta que sucedió lo de los asesinatos de las dos estudiantes en los que choferes de ambas empresas estuvieron involucrados y que obligó al gobierno a apretar tuercas y reformar lo que actualmente es un nuevo reglamento para este tipo de servicio. Al parecer todo quedó zanjado y ambas empresas continuarán en Puebla. Uber, por lo pronto, anunció que adquirió un seguro que amparará al usuario, al chofer y al auto de diferentes contingencias, todo ello sin aumentar tarifas. Un buen punto.
LOS OTROS TAXIS, los tradicionales, obligatoriamente deberán cambiar si no quieren que otras empresas, con ideas más modernas y con acciones concretas y benéficas para los usuarios, les coman el mandado. El viejo sistema de cuota por turno y lo que te quede “es tuyo” no sólo está al margen de la ley, sino que en la práctica ya no funciona. Cada sindicato, base o como le llaman a cada una de estas agrupaciones, tendrán a la corta que unirse y crear una empresa; con empleados con base y sueldo y con todas las prestaciones que la ley otorga.
ALGUNOS CHOFERES prefieren el viejo sistema, pues el mismo les da la oportunidad de cobrar “según se deje el cliente” y ello les proporciona un dinero extra. Solo que, cuando ya no pueden trabajar o cayeron de la gracia del dueño del “patrón” y son despedidos, viene la reflexión y el arrepentimiento. Entonces se dan cuenta que no saben hacer otra cosa; que por su edad nadie les confía un auto y para amolarla no tienen pensión, Seguro Social, ni nada. Esto tiene que cambiar.
CREEMOS QUE LA modernización del servicio público de transporte es irreversible. Nada lo hará retroceder y volver a lo que siempre repudiamos, pese a que no nos quejábamos porque aparentemente “no había de otra”. Para ello, las autoridades, sean del partido que sean, deberán continuar con este proyecto hasta las últimas consecuencias, aunque existe el peligro de caer en manos de algún falso mesías que, para ganar adeptos o simplemente para hacerse gracioso ante el electorado, prometa vender todos los nuevos autobuses y taxis al mejor postor, sumándose a la cantinela tropical de AMLO de que él sí venderá el avión presidencial si por desgracia nuestra accede a la presidencia. ¡Que el altísimo nos agarre confesados!