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En este país, las prioridades están muy bien definidas y el gobierno lo tiene clarísimo. No hay espacio para la confusión ni para los matices: se sabe perfectamente qué es urgente, qué es indispensable y, sobre todo, en qué sí vale la pena gastar el dinero público. Porque cuando se trata del discurso, la austeridad es sagrada; pero cuando se trata del poder, los principios suelen acomodarse con sorprendente flexibilidad.
Qué indignante era la Suprema Corte de la derecha neoliberal de Norma Piña, con camionetas de lujo, togas carísimas, retratos de sí mismos y viajes en primera clase. Por eso se votó por nuevos jueces, para tener ministros del pueblo. Pero, ¿y si le dijera que estos gastos no son de la Suprema Corte anterior, sino de esta? Bueno, pues esta semana la nueva Suprema Corte vivió unos días de escándalo que dejaron al descubierto que el problema nunca fueron los lujos, sino quién los disfrutaba.
Y es que la narrativa de austeridad que tanto pregonan, se vino abajo cuando comenzó a salir la siguiente información: la ministra Lenia Batres se mandó a hacer un retrato de 40 mil pesos con cargo al erario; la ministra Loretta Ortiz viajó en primera clase a Costa Rica; los ministros se mandaron a diseñar nuevas togas por un precio de más de 20 mil pesos cada una; y la joya de la corona, se compraron en secreto camionetas Grand Cherokee blindadas de 2 millones 400 mil pesos para cada ministro.
Yo le preguntaría al pueblo bueno y sabio: ¿se les hacen gastos necesarios y austeros? Le preguntaría a los militantes de la Cuarta Transformación: ¿por qué eran blindadas las camionetas, no que ya no hay inseguridad? Le preguntaría a los ministros del pueblo: ¿por qué querían emplacarlas en Morelos? para ahorrarse la tenencia, qué mañosos ¿no? Yo le preguntaría a los voceros de Morena, si estos gastos los hubiera hecho la Suprema Corte de Norma Piña, Alcántara Carrancá, Laynez Potisek y compañía, ¿también habrían salido a justificarlos? Le preguntaría a la presidenta Sheinbaum: ¿por qué los defendió en la mañanera, no que es un poder independiente y autónomo? Para pensarlo…
Y lo peor de todo, el colmo del cinismo, para justificar el escándalo, el ministro presidente Hugo Aguilar, salió a defenderse con la paupérrima justificación de que sí son austeros y que, si es necesario, los ministros se movilizarían en camión o hasta en metro. Por favor, hay que dejar algo en claro: los ministros regresaron las camionetas no porque así fueran sus ideales, pues de ser así no las hubieran comprado en primer lugar; no, las regresaron porque les cayeron en la maroma… y ni aun así convencieron a nadie.
Fue tanto el ridículo, que hasta Gerardo Fernández Noroña salió a decir que fue un error garrafal que los nuevos ministros hubieran devuelto las camionetas, y en eso sí tiene razón: el regresarlas solo terminó de exhibirlos. Pero el senador de Morena se mordió la lengua, pues en el pasado él mismo se quejaba amargamente de las camionetas blindadas de la Corte anterior y ahora, como ya no es pueblo, sino élite, defendió la adquisición de las multireferidas camionetas de lujo. Vaya contradicción.
Pero este mega escándalo no termina ahí, pues días después se supo también que Grupo Andrade, fue quien les vendió dichas camionetas. Un dato que no hay que perder de vista, ya que este conglomerado ha recibido nada más y nada menos que 28 mil millones de pesos en contratos del gobierno. Es dueño también del periódico El Heraldo, un diario multicitado en la mañanera del pueblo de la presidenta Claudia Sheinbaum, porque es quien publica las encuestas que le dan a la inquilina de Palacio Nacional una popularidad de más del 70%. ¿No es este un gravísimo conflicto de interés?
¿Dónde quedaron los compromisos de austeridad, de ponerle fin al amiguismo, de acabar con los lujos? ¿Dónde quedó el compromiso con el pueblo? ¿La congruencia con su discurso? Porque pareciera con esto que, en realidad, a este movimiento no le molestaban realmente los lujos del pasado —que sí los había—, lo que verdaderamente les molestaba era que a ellos no les tocara su rebanada del pastel. Y ahora que ya son gobierno, son incapaces de someterse a su propia narrativa, despachándose un día sí y otro también con la cuchara grande.
Pero el problema radica en ellos mismos, no me malentienda: nadie está en contra de que personas en puestos de alto rango viajen en primera clase o tengan camionetas blindadas, sobre todo en el caso de las camionetas por la cruenta realidad del país respecto a una violencia desatada. El problema es que la Cuarta Transformación se ha definido como la representación misma de la austeridad; el problema es que el movimiento ha señalado con el dedo a quienes tienen o tenían estas prestaciones por la naturaleza de su trabajo… y hoy hacen exactamente lo mismo, pero sin el valor de aceptarlo.
Este escándalo no es menor ni anecdótico: es la radiografía perfecta de un proyecto político que hizo del discurso moral su principal bandera, y que hoy se tropieza con sus propias promesas. No es un debate sobre camionetas, togas o viajes; es un debate sobre congruencia, sobre poder y sobre la facilidad con la que los ideales se diluyen cuando el poder deja de ser aspiración y se convierte en costumbre. Porque al final, las prioridades sí están claras… y el problema es que ya no son las del pueblo.