Análisissábado, 28 de octubre de 2017
Una ciudad lacerada
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NUNCA, COMO SUCEDE ahora, Puebla capital está exhibiendo a sus habitantes y a quienes todos los días nos visitan, una faceta para muchos desconocida: la de una ciudad destruida. Nunca, como nos la hacen ver atinadamente muchos lectores, se ha mostrado tan vulnerable, lastimada, insegura y sobre todo tan olvidada por sus propias autoridades y no hablamos específicamente de los daños causados por los pasados sismos, sino por sus destruidas calles, por el abandono a las obras realizadas anteriormente por otras administraciones y por la indiferencia municipal porque esto se revierta.
PARA LA ACTUAL administración, los pasados movimientos telúricos fueron como un bálsamo, pues después de ellos todo lo malo lo atribuyen a estos movimientos y lo que ellos provocaron y se nos olvidan que toda la zona metropolitana, antes de ellos, ya parecía una zona bombardeada pese a los rimbombantes y mediáticos programas “bacheo uno y dos” que sólo sirvieron para taparle el ojo al macho.
NADIE ESTÁ DESCUBRIENDO nada nuevo, es cierto. Durante todas las temporadas de lluvias, los llamados baches brotan como la hierba mala por todas las calles, pero nunca -como ahora- han hecho raíces por tanto tiempo y eso –lo sabemos- es a causa de un viejo pavimento que ya no resiste más y que comenzó a cambiarse por el de concreto hidráulico a partir del trienio de Blanca Alcalá y continuado por el anterior de Antonio Gali.
SABEMOS, TAMBIÉN, que los ayuntamientos no tienen el dinero suficiente para este tipo de obras y que es el gobierno estatal quien aporta la mayor cantidad de dinero para llevarlas a cabo, pero la sociedad poblana sabe también que sí hay dinero para “bachear” continuamente como lo han hecho anteriores administraciones y que éste no se ha utilizado convenientemente. Por lo menos con la rapidez y la eficiencia que se requiere.
BASTA VER LA CIUDAD. Recorrerla a pie o en vehículo para darnos cuenta de este drama. No necesitamos caminar mucho. Seguramente, a la vuelta de la esquina, nos encontraremos con esta anomalía, ya sea por un árbol abatido por el viento, por un poste caído, por cientos de baches en la otrora vía, por banquetas destruidas y con registros convertidos en unas trampas mortales. Es un término muy sobado, pero en realidad nuestra ciudad se asemeja un sitio bombardeado. Colonias en donde, desde hace seis meses no se ha aparecido el mencionado programa de bacheo, como todas aquellas a ambos lados de las principales avenidas del sur (16 de Septiembre, calzada Valsequillo, Circuito, Juan Pablo II, 11 Sur, etc., etc.).
EN EL CENTRO HISTÓRICO, además de los daños visibles por el sismo pasado, el visitante tiene que sortear las calles con las lajas destruidas y transformados en hoyancos; los postes de la CFE, de Teléfonos y de la televisión por cable a punto de caer; los registros de TELMEX y de Megacable abiertos. Sólo dos ejemplos: uno en la 2 poniente y 13 norte de TELMEX de un metro de largo por 50 centímetros de ancho y dos metros de profundidad que tiene 3 meses en ese sitio sin que la empresa o LAS AUTORIDADES, hagan algo por taparlo y los otros, unos hoyos de esta cablera sobre las banquetas de la 16 de Septiembre, a los que la gente ha tratado de tapar con llantas.
SI HABLAMOS DE BACHES históricos, con meses en el mismo lugar, déjenme citarles unos cuantos, pues esta columna no alcanzaría para nombrar a todos. En la colonia El Cerrito, en la 57 Poniente, a la altura de la calle Puebla y rumbo a la zona de Angelópolis, hay uno que ya fue rellenado con piedras. Luego con arena y piedras; luego con cascajo y nuevamente con más piedras. Éstas, al paso de los vehículos, vuelan como proyectiles sobre los transeúntes o sobre las fachadas de las casas. ¿Qué pasaría si una de ellas mata a alguien? ¿Taparían el hoyo como lo hicieron al final de la ciclovía en donde murió un ciclista? ¿También el Ayuntamiento trataría de deslindarse de esta responsabilidad como lo trató de hacer “Agua de Puebla para Todos” o, habrá otro seguro para cubrir el riesgo de las “piedras voladoras” y para lo cual el muerto tenga que testificar?
UNO DE LOS PAVIMENTOS que mejores frutos ha rendido a la economía municipal, seguramente ha sido el adocreto. Muchas calles del centro histórico y del norte del mismo fueron cubiertas de este material, el cual, inexplicablemente dejó de usarse. Actualmente, ante la falta de mantenimiento, todas estas calles ya muestran un marcado deterioro. El paso de los vehículos de mayor peso le ha causado hundimientos, ondulaciones y hasta roturas en el adoquín y que se sepa, no existe ningún programa (y presupuesto, supongo) para reparar estas calles.
DE LOS DAÑOS QUE ESTOS hoyos han causado a llantas y suspensiones de autos y camiones mejor ni hablamos. El alcalde anunció un seguro para quien cayó en algún hoyanco y dañó su vehículo. Los pocos que han acudido a reclamar, finalmente prefieren pagar sus llantas rotas o suspensiones dañadas con dinero de sus bolsillos, que tener que cubrir todos los requisitos que les piden para que el seguro les pague. Quien me lo cuenta, una víctima, no se aguantaba la risa.
CUANDO ACUDIMOS A las urnas a votar, nunca reflexionamos en estos pequeños detalles. Nunca cuestionamos si el personaje por el que emitimos nuestro voto es capaz para solucionar todos los problemas que seguramente presentará en los siguientes tres años una ciudad de la categoría de Puebla. No analizamos quién es el mejor, sino el más simpático, el que habla más bonito; el que promete lo que de antemano sabemos que no podrá cumplir. Años después nos quejamos y tratamos de echarle la culpa a otros y no recordamos que fuimos nosotros quienes lo entronizamos en el lugar que ahora se encuentra. En fin. Acostumbremos a convivir con nuestra desgracia que ya falta poco.