El ataque ocurrió durante la tarde de este martes en un domicilio ubicado entre las avenidas 15 de Septiembre y Gustavo Díaz Ordaz; una persona fue trasladada a un hospital
La Universidad Autónoma de Sinaloa descubrió que los arrieros introdujeron el sarampión en comunidades serranas de Cosalá y Badiraguato, provocando alta mortalidad en niños y adultos entre 1804 y 1806
El presidente municipal, dijo que esta medida busca fortalecer a los negocios del municipio, especialmente a sectores estratégicos como el restaurantero
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A menos de dos semanas de que se realice la mega marcha a la que la generación Z ha convocado para exigir la revocación de mandato de la presidenta Sheinbaum, en Uruapan, Michoacán, el alcalde Carlos Manzo, fue asesinado a quemarropa. Ha surgido un mártir incómodo, un fantasma, con el que Sheinbaum tendrá que lidiar por mucho tiempo.
Manzo pidió una y otra vez al gobierno morenista, a la presidenta y el al secretario Harfuch, que lo protegieran porque su vida y la de su familia corrían peligro. No quisieron verlo ni escucharlo. La presidenta siempre le dio largas y le dejó muy claro que eso de andar enfrentando a los mañosos no va con su gobierno. Eso sí, le recomendó que, si tenía pruebas, las presentara para proceder contra los presuntos delincuentes de los que Manzo se quejaba una y otra vez. El asesinato de Manzo sucedió, como ya es costumbre con los escándalos que estremecen a México, en un fin de semana. Fin de semana de “Muertos”. Como si quien planeó el atentado quisiera que todo México se enterara del polvorín. Y se enteró de inmediato. Muy pronto la indignación se hizo colectiva, a tal grado, que una turba salió a las calles a protestar. Y ya, de refilón, dieron el portazo y tomaron el Palacio de Gobierno de Morelia. Al mismo tiempo, en Uruapan, otro gentío echaba a gritos y sombrerazos al gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla, del funeral de Manzo, donde una doñita se escabulló entre los presentes y aprovechó la ocasión para lanzarle una bofetada al gober. De inmediato los morenistas salieron con la disculpa de siempre. La disculpa que les heredó López Obrador y con la que el ex presidente se zafó de varias broncas. La culpa del asesinato de Manzo la tiene Felipe Calderón por haber sido él quien inició su guerra contra el narco, precisamente en Michoacán, hace casi veinte años. Bajo esa lógica, ramplona y marrullera, el actual gobierno no tiene ninguna responsabilidad sobre lo ocurrido. Qué ganas de la oposición carroñera de estar fastidiando. Maldito seas, Calderón, por haber empañado con tus terribles actos el noble gobierno de la 4T. Quién pudiera cambiar el pasado.
No importa quién ordenó eliminar a Manzo. Pudo haber sido el crimen organizado o la CIA. O el propio Estado mexicano. Lo que importa es que con su asesinato, el ex alcalde se ha convertido en un mártir del pueblo. Una víctima de la corrupción y de la indolencia del gobierno. Para los michoacanos, Manzo murió siendo la personificación del hombre recio de campo, bueno y valiente, que levantó la voz y fue acribillado por enfrentar a los mañosos. Mucho hay de romántico en el personaje y de dramático también. No en balde, al otro día de la balacera, ya circulaban en las redes varios corridos alusivos a la trágica muerte del “hombre del sombrero”. Un mártir terriblemente incómodo para el gobierno, en un momento terriblemente inoportuno. A ningún gobierno le gustan los mártires, muchos menos aquellos que no pertenecen al partido en el poder.
Con lo ocurrido en Uruapan, la marcha de la generación Z podría convertirse en una mega protesta, a la que es muy probable que se unan otros tantos inconformes, como los campesinos o los maestros, o los transportistas y las madres buscadoras. A la presidenta se le está cayendo el cantón, como dicen en mi barrio. Quizá está a punto de conocer, no al pueblo bueno, sino al pueblo encabronado. Le quedan menos de dos semanas, antes de que la también llamada “generación de cristal”, tome las calles de la Ciudad de México. Tal vez Sheinbaum nunca imaginó siquiera que algo así podría pasarle a un poco más de un año de su gobierno, pero le urge que le crean. Y la única forma de que le crean es con hechos, más que con discursos. Mucho ganaría la presidenta si se atreviera a cortarle la cabeza al gobernador Ramírez Bedolla, con quien el alcalde Manzo tenía pleito casado. La gente percibiría algo así como un gesto de empatía y justicia por parte del poder.
La Ley Federal de Revocación de Mandato, promulgada por López Obrador en 2021, dice, entre otras cosas, que para echar a andar la revocación, primero hay que reunir un número de firmas equivalente a 3 por ciento del padrón electoral, que es de un poco más de 98 millones de electores. Se tendrían que juntar casi tres millones de firmas y con ello solicitar al INE que organice una votación, en la que se le pregunte al pueblo si está a favor o en contra de que la presidenta deje el cargo. Si el sí gana, entonces la presidenta, hipotéticamente, debería dejar de gobernar. En tal caso, Sheinbaum tendría ser remplazada por el secretario de Gobernación en turno. Sí, el poder presidencial caería en manos de esa curiosa mujer, mezcla de Betty la fea y la maestra Canuta, Rosa Isela Rodríguez, nuestra queridísima secretaria de Gobernación. Rosa Isela tendría que convocar a elecciones en menos de sesenta días.
Aunque lo más probable es que se desatara el caos. A río revuelto, las tribus morenistas comenzarían a despedazarse por el control del poder. Tanto el ala más rancia del morenismo, como el ala neoliberal, entrarían en abierta confrontación. Estallaría la guerra. ¿Y el Ejército Mexicano? ¿Qué papel jugaría en todo el entuerto? ¿Seguiría apoyando a los morenistas o se olvidaría de ellos y se pondría del lado de la gente? Los soldados son los dueños de las armas. Son quienes poseen el monopolio del fuego. Al final serían ellos quienes tendrían que dar el visto bueno al nuevo jefe de las fuerzas armadas. ¿De qué lado estarían los de verde, del lado del pueblo que juraron defender o del lado de la clase gobernante que los ha cubierto de oro? Por lo pronto, ¿estará preparado el Ejército para enfrentar a la generación Z sin disparar un solo tiro?