Alfa y Omega / Qué dirían nuestros abuelos
Acto seguido, el enloquecido muchacho se fue contra la coordinadora académica —Mariana del Rosario—, quien, aterrada por lo que acababa de suceder, se protegió detrás de un escritorio, donde fue masacrada sin misericordia por varios impactos en diferentes partes de su cuerpo.
Según trascendió entre los alumnos que estuvieron cerca de la masacre, fueron más de 20 disparos salidos del arma homicida.
El cruel e inhumano ataque asesino de ese niño, convertido en animal, mueve a la reflexión sobre la preocupante descomposición social, imperante, auspiciada en gran parte por las redes sociales que se dejan al alcance de menores de edad desde los primeros años de su vida.
Hoy en día, los padres de familia, ante los retos que impone la modernidad de los tiempos y la lucha por contar con las comodidades que nos demanda la misma sociedad, se alejan de lo más importante, que es la unidad familiar que debe imperar en el hogar.
Ese asesino en potencia es resultado de un libertinaje cibernético, envenenado por la maldad que circula en las redes, manipuladas sin freno y que bien pudo haberse evitado si sus padres hubieran vigilado lo que veía con curiosidad enfermiza a tan temprana edad.
Quede, pues, tan lamentable suceso como ejemplo de lo que no debe suceder, de lo que a tiempo se puede evitar y sirva para alertar sobre nuestra responsabilidad hacia la educación moral de nuestra familia.
Descansen en paz las dos inocentes víctimas del desquiciado asesino.
Caramba, qué dirían nuestros abuelos.
P.D.- Y todavía muchos hombres y mujeres de plano se creen animales, se disfrazan de perros, coyotes y sí, se ven tan reales que, a lo mejor, lo son.

















