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En esta semana, el Gobierno de nuestro país anunció la construcción de ‘Coatlicue’, la que será la supercomputadora pública más poderosa de América Latina, un proyecto de dos años que busca dotar al país de capacidad propia de procesamiento masivo de datos para investigación científica, toma de decisiones públicas y desarrollo tecnológico, así lo señala José Antonio Peña Merino, titular de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones, quien remarcó que ‘Coatlicue’ formará parte del Plan México y tendrá alrededor de 15.000 GPUs, lo que equivale, en términos prácticos, a unas 375.000 computadoras convencionales operando de manera simultánea.
También explicó que una supercomputadora integra miles de procesadores trabajando al mismo tiempo para resolver problemas que requieren millones de datos y que, en una computadora convencional, tomarían meses o años, contextualizándonos, un equipo como el anunciado, es una computadora extremadamente potente, diseñada para realizar cálculos complejos y procesar cantidades masivas de datos a velocidades impresionantes, se utiliza para resolver problemas desafiantes en áreas como simulaciones científicas, predicción meteorológica, investigación de inteligencia artificial (IA) y más, su arquitectura especializada de hardware y software permite manejar procesamiento paralelo con un rendimiento extraordinario.
Debido a su enorme potencia, los supercomputadores consumen grandes cantidades de energía, son sistemas avanzados que pueden requerir decenas de megavatios, junto con tecnologías de enfriamiento específicas para mantener un rendimiento óptimo, así como protección antiincendios capaz de extinguir cualquier fuego, las supercomputadoras se utilizan a menudo para ejecutar programas de inteligencia artificial, la supercomputación se ha convertido en sinónimo de IA, este uso regular se debe a que los programas de IA requieren la informática de alto rendimiento que ofrecen las supercomputadoras, dicho de otra manera, las supercomputadoras pueden manejar los tipos de cargas de trabajo que normalmente se necesitan para las aplicaciones de IA.
Entre los usos más comunes de este tipo de computadores destacan: la armamentística, la Industria farmacéutica, el Big Data, Bioinformática, Astrofísica, Educación, Sostenibilidad, Geofísica, Ingeniería, Seguridad pública e investigación de las Smart Cities, las computadoras más potentes del mundo se actualizan continuamente en la lista Top 500 elaborado por investigadores de todo el mundo y se actualiza dos veces al año, en caso de que algún nuevo supercomputador haya desbancado de la lista a otro, por ejemplo, el IBM Summit era el más potente del mundo hasta la llegada del Fugaku, un ordenador japonés que está actualmente a la cabeza del top 500 de todo el mundo superando al estadounidense.
Según TOP500.org los cinco mejores superordenadores en 2025, son: El Capitan en EEUU (California) con 1,742 PetaFLOPS fabricado por HPE Cray y dedicado a la Investigación nuclear, clima; el Frontier en EEUU (Tennessee) con 1,353 PetaFLOPS fabricado por HPE Cray y dedicado a Energía, materiales, IA; Aurora en EEUU (Illinois) con 1,012 PetaFLOPS, fabricado por Intel/HPE y dedicado a IA, genómica, cosmología; el Fugaku en Japón (Kobe) con 442 PetaFLOPS, fabricado por Fujitsu y dedicado a Fármacos, desastres naturales y por ultimo LUMI en Finlandia con 380 PetaFLOPS, fabricado por HPE Cray y dedicado al Cambio climático y medicina.
Regresando al proyecto ‘Coatlicue’ alcanzará 314 petaflops, equivalentes a 314.000 billones de operaciones por segundo, siete veces más que ‘Pegaso’, la supercomputadora privada más grande de Brasil; y más de 100 veces las capacidades del sistema mexicano más avanzado actualmente, ‘Yucca’, localizado en Sonora, este equipo se integrará en unos 200 gabinetes refrigerados con sistemas de agua y requerirá altos niveles de energía eléctrica y conectividad, tendrá una inversión pública aproximada de 6.000 millones de pesos (US$ 326 millones), que el Gobierno prevé amortizar mediante sus aplicaciones en sectores estratégicos y servicios al sector privado, entre sus usos, tendrá la capacidad para predicciones climatológicas, modelación de agua superficial y subterránea, planeación energética, procesamiento de grandes volúmenes de datos fiscales y aduaneros, así como aplicaciones en salud, movilidad y telecomunicaciones.
Para finalizar, la supercomputadora, requerirá 24 meses para su instalación, que incluirá diseño, obra civil, integración y pruebas, su plantilla operativa será de 80 a 100 personas y que instituciones académicas, gobiernos y empresas podrán acceder a su capacidad de cómputo, también permitirá analizar datos de aduanas y facturas para detectar posibles actos de corrupción y evasión fiscal, además, servirá como plataforma para realizar investigaciones científicas de punta en sectores estratégicos, apoyar proyectos de emprendedores que necesitan potencia computacional y ofrecer servicios de cálculo masivo a la iniciativa privada.