El templo cumple su primer aniversario con actos religiosos, la ordenación sacerdotal del diácono Jesús Castillo y actividades que refuerzan su compromiso con la fe y la dignidad humana
El programa es impulsado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México mediante la Unidad de Culturas Vivas, Patrimonio Inmaterial e Interculturalidad
José Luis Vázquez Sánchez es un artesano autodidacta y heredero de un oficio que él mismo inició en su familia, derivado de la curiosidad juvenil que terminó por convertirlo en autor de las letras monumentales del Centro Histórico
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¡Murió Don Antonio Flores Gracia!, personaje de más luces que sombras. Inteligente personaje, singular y único. Desde joven se esforzó al estudiar por su cuenta en la UNAM, con los grandes maestros de aquella época, verdaderas lumbreras del derecho, destacados pensadores, trabajaba mientras estudiaba. Habiendo concluido, regresó a Tlaxcala, practicando la docencia en el IESE y en algunas preparatorias como la de Panotla. Dominaba muy bien el latín y el griego, y por mérito propio llegó a ser director general de esa casa de estudios; con un grupo de maestros y alumnos activistas, promovieron la creación de la Universidad Autónoma de Tlaxcala, y aún a contra corriente de los medios oficiales, apoyándose en figuras como Augusto Gómez Villanueva y el presidente Luis Echeverría, lograron su fundación y la construcción del primer edificio, como fue la Facultad de Derecho, en las márgenes del río Zahuapan, pero lo suyo fue siempre el litigio, actividad que desbordó su vocación durante muchos años, sobresaliendo, siendo reconocido en todos los medios justamente por su preparación profesional y empeño.
Durante mucho tiempo, su despacho llevaba los asuntos más importantes de todo Tlaxcala, demostró siempre un gran cariño por su tierra santanera. Usaba cotorinas de lana en ocasiones, y fue propietario de una tienda de artículos típicos de lana, en aquellos años en que lo predominante en el mercado santanero era lo textil artesanal. Le confeccionaban su ropa con paños de la región y los lucía con orgullo a donde quiera que fuera. Promovió obras como la barda del panteón municipal, la remodelación de la iglesia panteonera del Carmen y la barda de la escuela Centro Escolar Chiautempan. Estuvo casado con la Maestra Teotila Meneses, originaria de Panotla, y ahora sus hijos son destacados profesionistas que por estos días afrontan con estoicismo la pérdida de su padre.
En los últimos tiempos se destacó por la generosidad en su conocimiento, ya que guiaba y conducía, sin interés alguno, la orientación profesional para otros abogados; en su despacho se formaron infinidad de profesionistas, varios de los cuales con el tiempo llegaron al cargo de jueces y litigantes destacados. Cuando era necesario para defender a la justicia, daba cátedra a jueces y secretarios de acuerdo. Quería entrañablemente a su tierra. Amaba la justicia tanto que, formando parte de un comité de feria, no consintió abusos económicos por parte de los demás integrantes. Y su casa se ubicaba en el barrio de San Onofre, al darse cuenta que se desconocía la imagen de ese santo, mandó de su pecunio a labrar en Guanajuato una imagen. La vida ya no le alcanzó para la construcción de la capilla o iglesia que iba a hacer en el barrio. Falleció el viernes pasado a la edad de ochenta y ocho años y su muerte fue muy sentida por la población. Son más luces que sombras de este personaje destacado, que ya descansa en el cementerio santanero.
En otro orden de ideas, quiero comentar cómo el mercantilismo ha deformado la tradición navideña. Lo que conocemos que sucedió en Galilea fue el nacimiento de Jesús en un pueblo llamado Belén, al que sus padres acudieron para censar su existencia bajo el imperio de Herodes, y no habiendo encontrado hospedaje, terminaron en un pesebre, donde nació el niño, y ahí llegaron los pastores y reyes a adorarlo. Pero con el paso de los años la deformación es tal que, de humildes peregrinos, ya se trata casi de potentados ricamente ataviados, así también los reyes, los pastores.
Pero eso no es todo, ahora hay personajes extraños, como el Santa Claus y el Grinch, que nada tienen que ver con aquellos orígenes. De una humilde rama con algodones asemejando nieve, se ha pasado a espléndidos árboles enormes que giran y encienden como que son todo un espectáculo. La navidad al pie de la montaña en Tlalcuapan es un derroche de luces, de figuras inflables, muñecos de nieve que ya son producto del comercio. La colocación de esferas es otra competencia entre participantes por su tamaño, formas y colores. Igualmente las piñatas, los aguinaldos, los buñuelos. El ponche que se obsequia.
Pero el colmo llegó con la tradición de regalos “del Niño Dios” que, junto con los regalos de reyes para los niños, son estocada definitiva a la economía de los padres de familia. Los arreglos navideños alusivos son multicolores, multiluces, e infinidad de figuras como “villas navideñas”, ferrocarriles, casitas en el árbol, que son meros pretextos para la comercialización de quienes fabrican esos objetos. En cambio, han ido desapareciendo los cacahuates, los dulces de barrilito, de gotita y demás, ahora lo usual son chocolates y caramelos. Se ha llegado al extremo del uso de gorros navideños, mesas para la cena lujosamente instaladas y platillos que nada nada tienen que ver con la humildad con que pasaron la noche los peregrinos allá en Belén.
¿Ya se asomó usted a la calle de correo mayor en México?, ¡hágalo!... para que aprecie hasta qué punto se ha deformado la tradición navideña. El mercantilismo del mundo occidental ha ido devorando lo genuino para convertirlo en objeto de comercio. Pero bueno, todo esto forma parte del neoliberalismo, que afortunadamente parece estar de salida en el mundo occidental. Mientras eso no ocurra, ya deformó a la tradición navideña.