Ciencia y democracia
Vivimos tiempos complejos. En muchas regiones del mundo el capital social va en detrimento, la participación electoral disminuye y la confianza interpersonal y hacia las instituciones se debilita.
No se cuestiona la validez del sistema democrático ni los principios sobre los que se erige. El descontento radica, más bien, en que no se han logrado contener las crisis económicas, ni disminuir la desigualdad, ni detener la inseguridad.
En el caso de las instituciones electorales, el vínculo con universidades y centros de investigación es fundamental. Explico tres razones.
Frente a los desafíos que hoy enfrenta la democracia, las instituciones públicas deben abrirse al conocimiento y a la deliberación. La colaboración con la academia no es un lujo pasajero, sino una condición necesaria para la buena gobernanza.

















