Ciertamente, todavía no hay señales claras que el gobernador David Monreal mande a la sociedad zacatecana sobre cómo sería el Año del Progreso para un millón 600 mil habitantes que tiene el estado, lo más fácil ha sido bautizar la etapa, designar o denominar los tiempos o calificar y subrayar momentos especiales en el perfeccionamiento de la vida de los pueblos y sus comunidades, pero lo más importante es lograr una transición de la inestabilidad a la certidumbre, de la violencia a la paz, de la inseguridad a la tranquilidad, así de simple y sin necesidad de quebrarse la cabeza con simbolismos, falsas expectativas, vanas esperanzas o sueños imposibles.
Para empezar a entender el enorme desafío que el mandatario se ha trazado, prosperidad significa avanzar en todos los ámbitos, integralmente y sin exclusiones sobre todas las regiones y municipios, avanzar a la vanguardia sin retroceder, contener o empantanar los esfuerzos gubernamentales y de la sociedad; se debe contemplar el año ya en curso como plataforma de adelantos culturales, educativos, productivos en el campo, la minería, la industria y el turismo, abandonar el anquilosamiento que ha erosionado al estado por décadas y sexenios y empezar a construir una hazaña que la verdad sea dicha, no se cumple en año y medio.
No es solo el presupuesto ya aprobado y que será otra vez insuficiente y que se ha consignado se aplique en todos los rubros, áreas, sectores y programas, justamente en esa tendencia progresista, con el ánimo de alcanzar bonanza, auge laboral y productivo, empleos para todos, ascenso en los servicios, evolución política con armonía social, tras el efectivo bienestar, la sublime convivencia y coexistencia que supere las diferencias, la confrontación, los enconos, la corrupción, las distinciones y privilegios, alcanzar la igualdad y equidad como metas del ciudadano, las familias y comunidades, sustentadas en un verdadero desarrollo integral e integrador.
Aceptables la crítica y los cuestionamientos que aquí se han hecho repetidamente y que acaba de retomar el senador Saúl Monreal, al señalar que al gobierno monrealista de su hermano David, le falta muy poco tiempo para consolidar un cierre exitoso, en año y medio no logrará los objetivos de progreso, porque su gabinete no tiene cualidades para operar como equipo coordinado y comprometido con lealtad al gobernador y con respuestas de servicio y de obras a la población, no es un gabinete eficaz, y sugiere que todavía puede ejercer liderazgo y conducción política y gubernamental para realizar cambios en las áreas cruciales que garanticen acercamiento al progreso anhelado.
El progreso es un concepto tan amplio y vital para el perfeccionamiento de la cultura del crecimiento y desarrollo, que hoy no hay forma de ser alcanzado por la crítica realidad que se vive en el estado, sin desconocer los avances en la pacificación, pero insistir que falta que, como ha reclamado la Presidenta Claudia Sheinbaum a los gobernadores, “hay que trabajar en cuerpo y alma por el bienestar del pueblo” Fuera de sentencias, consignas y expectativas sobredimensionadas sobre un posible florecimiento y aceleramiento del crecimiento y desarrollo, hay que aumentar vigorosas energías para construir firmes rutas o senderos hacia el progreso que ha de caracterizar al 2026.