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/ Foto: Gustavo Alberto / Cuartoscuro.com
Imposible no voltear a ver hoy a Venezuela, un pueblo víctima del intervencionismo físico de la prepotencia internacionalista de Donald Trump, al abrir otro campo de batalla con el pretexto de capturar al Presidente Nicolás Maduro, acusado de narcotráfico y terrorismo, en un hecho que no debe ser precedente en Latinoamérica, porque se romperían los equilibrios y sobrevendrían estallidos de violencia en defensa de la soberanía e independencia, ante las insistentes amenazas de que “algo tiene que hacerse en México” o que en Colombia el Presidente Petro “a de cuidar su trasero” mensajes entendibles, que por lo pronto, significan intimidación e injerencismo inicial hacia lo brutal.
El acontecer venezolano del sábado provocó reacciones contradictorias en todo el mundo y en nuestro país; aquí, la Presidenta Claudia Sheinbaum fue contundente al condenar la captura de Maduro, rechazar la intervención y denunciar la violación del Derecho Internacional, sin desconocer que con Estados Unidos hay buena relación; consecuentes, los gobernadores de la cuarta transformación, desde David Monreal hasta Rocío Nahle, se pronunciaron en respaldo a la Presidenta, la líder única de la 4T, porque no hay otro ni otra; voces de los legisladores también se sumaron al repudio, desde el Senador Saúl Monreal hasta el diputado Alfonso Ramírez Cuéllar; Ulises Mejía Haro y Renata Ávila, del Partido del Trabajo; la Universidad Autónoma de Zacatecas y su rector Ángel Román se declararon en contra del belicismo global del Presidente estadounidense y rechazaron la intervención y violación del principio de autodeterminación de los pueblos.
Las expresiones de condena a la invasión de Venezuela, la ocupación y la toma de la riqueza petrolera, ilustran el rotundo impacto desde lo internacional a lo nacional y local comunitario como en Zacatecas, porque la globalización e interdependencia exponen a los países débiles o subdesarrollados a riesgos y peligros de intromisión para intentar cambios de régimen o conquistar los recursos mineros o energéticos que las naciones imperiales necesitan, se genera y reproducen condiciones más propicias a la lucha contra los migrantes y el dominio de los mercados y sobre los avances de la revolución tecnológica, científica y de inteligencia artificial.
A las tensiones que se viven acá por los sismos, el descarrilamiento del tren del istmo de Tehuantepec, la crisis económica, la violencia e inseguridad, el desempleo, la desigualdad y pobreza, la corrupción política y gubernamental, la polarización y confrontación entre las fuerzas políticas y sociales, son escenarios muy reales que más arrecian ante las presiones internacionales como las que impone estados Unidos en todos los horizontes del mundo, situaciones a las que ya reaccionan las poderosas China y Rusia, con grandes intereses sobre América.
Ciertamente y como lo manifiesta la presidenta Claudia Sheinbaum, es urgente fortalecer la unidad de Latinoamérica, pronto y desde hoy la ONU debe reunir a su consejo de seguridad y tomar decisiones en serio y contundentes contra ese devastador e inmoral intervencionismo sobre Venezuela, donde la opositora venezolana Corina Machado ya anuncia la hora de la libertad y donde ya el secretario de Estado, Marco Rubio adelanta amenazante, que “Cuba ponga sus barbas a remojar”. Señales de incertidumbre y signos de inestabilidad que vienen.