El gobernador advirtió que la coordinación en materia de seguridad no es opcional y que los ayuntamientos renuentes podrían perder el permiso para portar armas.
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Cuba ha estado en bastantes pláticas, en muchas sobremesas en los últimos tiempos. Y no es para menos: hay una intención inexplicable y casi enfermiza por ayudar a toda costa a esa devastada nación. Inclusive, ya ha sido motivo de chascarrillo esa obsesión: que si el derrame de hidrocarburos reciente en el Golfo de México era para que llegaran por allá, al menos, unas gotas de petróleo.
Un aspecto que es importante refutar, por su no tan obvia falsedad, es el mito de que el desastre económico y humanitario que ahora se vive por allá es consecuencia directa e inmediata del “embago” norteamericano que se mantiene sobre el comercio con esa isla. Nada más alejado de la realidad, pues es absolutamente falso esta absurda afirmación como ahora veremos.
Para iniciar, Cuba comercia con casi todo el mundo, entre los que se cuentan la Unión Europea, China, Rusia, Brasil, México, España y hasta los mismísimos Estados Unidos, país este último que vende a la isla pollo, maíz, soja, arroz, otros productos agrícolas e insumos médicos, principalmente, siendo el nivel de exportaciones, dependiendo del año, entre los 200 y los 800 millones de dólares. Otra cosa es que Cuba no tenga nada que vender.
La dictadura cubana implantó un modelo económico centralmente planificado e ineficiente, pues el Estado controla casi toda la actividad productiva: tierras, empresas, comercio, tipo de cambio, etcétera, y con fijación de precios desde el gobierno lo único que se ha provocado es baja productividad, desabastecimiento crónico y un mercado negro permanente.
En esta isla el control de precios y tipos de cambio múltiples (contrtol estricto de las divisas), han dado como resultado la sobrevaluación artificial del peso y la caída de las exportaciones y la inversión, teniendo una economía llena de distorsiones que espantan el dinero.
Debido a lo anterior, el sector privado es minúsculo, constantemente reprimido y atacado desde el gobierno, emprender es difícil, con licencias limitadas, inseguridad jurídica e interferencia política, pues de lo que se trata es que no exista una clase media autónoma e independiente del Estado, pues sería el fin de esta autocracia tropical.
Debido a este fracaso financiero monumental, Cuba ha dependido crónicamente y desde casi siempre, de subsidios externos: primero de la Unión Soviética (años 60-80) y luego de Venezuela (2000-2010). Cuando cae el protector Nicolás Maduro, vuelve la crisis aguda. Un sistema que solo sobrevive con subsidios externos está mal diseñado, no es un efecto directo del embargo, sino de la falta de sostenibilidad interna.
El embargo estadounidense es un factor negativo, pero no es ni suficiente ni necesario para generar el desastre observado. El núcleo del problema es un modelo económico estatista, centralizado, poco productivo, con malos incentivos y sin seguridad jurídica, que ha demostrado, por casi 70 años y en distintos contextos internacionales, ser incapaz de generar crecimiento sostenido y prosperidad.