Marcelo y la Falacia Ignoratio Elenchi
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónSiempre he sido feroz defensor del adagio aquel que dice: “Todos los días se aprende algo”, que, aunque a simple vista pareciera una verdad de perogrullo, no lo es, y lo demostraré hasta sus últimas consecuencias, y más allá de toda duda razonable, mediante la perorata que a continuación recetaré a abogángsters y no pertenecientes a dicha pandilla, por el puro placer o deporte de joder al vecino.
Hay un libro que todo aquel que se quiera ostentar como un verdadero jurista debe leer por lo menos una vez en su vida: “Logic for Lawyers”, escrito por uno de los togados más preclaros del sistema judicial norteamericano, Ruggero J. Aldisert. En este texto se aborda la forma como deberíamos razonar los que, directa o indirectamente, nos convertimos, voluntaria o involuntariamente, en operadores jurídicos. Pues bien, aquí se explican (entre otros temas) los métodos de razonamiento, los argumentos y las llamadas falacias (argumentos y razonamientos que parecen verdaderos, pero en realidad no lo son, sino engaños bien elaborados).
Una de las falacias que más me llamó la atención, por su constante y sonante utilización en los discursos y actuaciones cotidianas de nuestros políticos y demagogos, es la denominada “Ignoratio Elenchi”. La falacia Ignoratio Elenchi, o conclusión irrelevante, ocurre cuando un argumento utiliza premisas válidas para llegar a una conclusión que no tiene relación con el tema central en discusión. Se conoce también como “eludir la cuestión” o “perder el punto”, demostrando algo distinto a lo que se pretende probar.
Esta falacia se caracteriza por una desconexión lógica, pues las premisas pueden ser verdaderas, pero no apoyan la conclusión específica que se busca. Otra propiedad de este argumento falso es el desvío de atención, pues se utiliza para distraer la atención del tema principal hacia uno secundario o irrelevante.
Un ejemplo en el ámbito político es cuando un candidato, ante preguntas sobre corrupción, responde enumerando sus logros económicos (las premisas de sus logros no demuestran su inocencia sobre la corrupción). En el ambiente cotidiano: “No debería ser sancionado por faltar al trabajo, ya que soy un buen padre y mantengo a mi familia” (ser buen padre no justifica faltar al trabajo).
El amigo Marcelo (seguro lo conocen todos ustedes, ya que actualmente se trata de un altísimo funcionario -que no servidor público-) esta semana nos deleitó con una joya de ejemplo, pues cuestionado sobre la utilización indebida y delictiva de la embajada de México en Reino Unido para albergar a su vástago durante el tiempo que realizaría por aquellas superiores civilizaciones importantísimos estudios personales para elevar su conocimiento sobre el mundo y sus anexos, tuvo el descaro de contestar: “No veo en ello ningún abuso de mi parte. Salvo la preocupación de un papá por un hijo. No usamos reservas porque estábamos en plena pandemia y me dijo: Mándamelo a la residencia y lo trato como a un hijo, cuando menos el tiempo que sea indispensable…” Etcétera
Ay, Marcelo, nos quieres embutir nada más y nada menos que la Ignoratio Elenchi, directa y sin saliva, como una enchilada mexicana, pues el hecho de que seas un buen pater familias no te exime de que ese hecho que defiendes sea una fechoría moral y jurídica sin progenitora conocida.