La corrupción como mal generado desde el poder
Hay dos factores, al menos, que tienen que ver con este problema:
Cierto, he conocido excepciones en personas que no tienen hambre de dinero ilegal.
También es cierto que me ha sido muy difícil encontrar gobernantes o funcionarios importantes que no se hayan sentido atraídos por los honores, los halagos, las atenciones que les brindan. Se llama ego y, a veces, éste adquiere niveles enfermizos.
El segundo factor es que, las personas que ejercen cargos de subordinados del poder electo, es muy raro que sean mujeres y hombres libres.
La libertad no siempre es parte de sus virtudes.
La libertad individual tiene al menos tres facetas:
Lo común entre los servidores públicos de los más diversos niveles, es que dependen totalmente de su salario para satisfacer sus requerimientos elementales y secundarios.
Eso los hace débiles.
Traigo al caso un video que recientemente llegó a mis manos y que llamó poderosamente mi atención.
El licenciado Diego Fernández de Cevallos, hizo un encendido llamado a la juventud para que actuaran en política, que se involucraran, que buscaran por ese medio sanar las llagas dolorosas de nuestra Nación.
Pero les hizo una advertencia, no vivan de la política, eso los hará débiles para luchar por sus causas, tengan otra fuente de ingresos.
Diego Fernández tiene razón, en la política, en el servicio público, con frecuencia se topa uno con personas de conducta difícil, grosera; que dan trato majadero, incluso humillante a sus subordinados.
Esto es, renuncian a su libertad de conciencia y de pensamiento por su falta de otra fuente de ingreso
Esto es, estamos ante dos flagelos complementarios para mal.
Por un lado, lo usual es que quien busca el poder político tiene como objetivos centrales acumular riqueza mal habida y cultivar su ego. Lo siento, eso me dice mi experiencia, muy pocos son los que se mueven sólo por causas propias de estadistas.
Por el otro, un gran porcentaje de servidores públicos, no son mujeres y hombres libres.
Así, la corrupción tiene un motor poderoso en quienes ostentan el poder y los servidores públicos que participan como subordinados son incapaces de plantarles cara si es que su conciencia les reclama por su conducta permisiva.
La corrupción es, pues, un cáncer que está en la esencia misma del poder en la República Mexicana y en el Estado de Zacatecas.
Más aún, mucho me temo que una considerable porción de la sociedad ya ve esto como normal y lo acepta sin que se sienta agraviada por esa conducta viciosa.
¿Será nuestra herencia colonial?
¿Es una realidad inevitable?
Estoy seguro que no.
En la próxima entrega propondré una posible solución.


















