Análisismartes, 5 de enero de 2021
¿Para esto venimos de tan lejos?
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Cada 6 de enero celebramos a los Magos llegados de Oriente a Belén para adorar al niño Jesús. Poco sabemos de estos misteriosos personajes. San Mateo es el único evangelista que nos habla de ellos, y los llama magos porque en la antigüedad esta palabra hacía referencia a los sabios, personas educadas en diversas artes. Tradiciones tardías nos dicen que eran tres reyes, hermanos, originarios de Persia y llamados Melchor, Gaspar y Baltasar.
¿Qué nos dice este acontecimiento hoy? Sin duda les gustaba el estudio de la naturaleza y sobre todo de los astros. La creación ha sido siempre un camino para encontrar a Dios, pues invita a preguntarse sobre su origen. Quizá otros sabios también vieron la estrella, pero no comprendieron que era una señal.
Dios también a nosotros nos habla de distintos modos, a través de personas o hechos a nuestro alrededor, pero no siempre comprendemos que aquello es una invitación para seguirlo, para cambiar. A veces vivimos ensimismados, preocupados por nosotros y poco atentos a los demás. Preferiríamos que nos sucediera como a los pastores, que se nos apareciera un ángel para decirnos qué hacer.
Al contrario, los Magos recorrieron un largo camino y tuvieron que pedir ayuda en Jerusalén, pues por un tiempo perdieron la estrella. Buscar a Dios no siempre es fácil, pero siempre es gratificante e iluminador, y nunca es un camino solitario, por eso hay que dejarnos ayudar y vivir la fe en comunidad.
Cuando por fin llegaron a Belén, “entrando en la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrándose le adoraron” (Mateo 2, 11). Después del empeño puesto para llegar hasta ahí, estos hombres llenos de ciencia y riqueza pudieron haberse preguntado: ¿para esto venimos de tan lejos? ¿En este lugar, que no parece un palacio, ha nacido el Mesías? ¿No nos habremos equivocado?
La mayor enseñanza de estos sabios está en haber reconocido la grandeza y la fortaleza de Dios en la pequeñez y en la ternura de aquel niño. Muchas veces esperamos encontrar a Dios en lo extraordinario, y casi siempre está en lo ordinario, más cerca de lo que imaginamos. La humildad de los Magos sigue siendo una invitación a reconocer a Dios que nos sale al encuentro de distintas maneras.
Un pequeño virus nos ha recordado la fragilidad y brevedad de nuestra vida. Imitemos a los Magos que no se desanimaron y no cayeron en la tentación de pensar que la estrella era una señal equivocada. Nos toca descubrir a Dios, sobre todo en las necesidades de los que tenemos cerca. Que este año nuevo, con sus retos y oportunidades, esté lleno de bendiciones. ¡Gracias!