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En los últimos años, la cerveza artesanal ha dejado de ser una curiosidad para convertirse en un símbolo de identidad, creatividad y desarrollo turístico en Baja California Sur. Lo que comenzó como un nicho impulsado principalmente por visitantes extranjeros, hoy se consolida como un sector en crecimiento que habla del carácter, la resiliencia y la visión de una región que apuesta por lo local.
Recientemente, tuve la oportunidad de asistir al Ensenada Beer Fest, uno de los encuentros más importantes de la industria en México. Ahí, el Fideicomiso de Turismo de Baja California Sur se hizo presente con una propuesta clara: no solo promover sus destinos, sino también compartir la riqueza y diversidad de su cerveza artesanal. Fue un recordatorio de que el turismo ya no se limita a paisajes, sino que se construye también a partir de experiencias sensoriales y productos con identidad.
El crecimiento de esta industria en Baja California Sur no es casual. Responde, en buena medida, a recientes reformas a la ley de alcoholes que han facilitado la obtención de licencias para microcervecerías y salas de degustación. Este impulso legislativo ha dado certeza a emprendedores locales, permitiendo que nuevas etiquetas encuentren espacio para desarrollarse y conectar con el consumidor.
Sin embargo, más allá de los números, lo verdaderamente relevante es el surgimiento de una identidad propia. A diferencia del norte de la península, donde el auge cervecero ha sido explosivo, en el sur el crecimiento ha sido más pausado, pero también más consciente. Hoy, el distintivo “Hecho en BCS” no solo representa origen, sino calidad, dedicación y una forma de entender el territorio.
Actualmente, se estima que existen alrededor de 30 productores registrados en el estado, cifra que crece al considerar propuestas como hidromieles y kombuchas. Este ecosistema ha encontrado en la colaboración una de sus mayores fortalezas, organizándose a través del Club de Cerveceros de BCS para impulsar ferias, eventos y consumo local en ciudades como La Paz, Los Cabos y Todos Santos.
No obstante, el camino no está exento de retos. La insularidad del estado implica que la mayoría de los insumos —como la malta y el lúpulo— deben transportarse por barco o avión, elevando los costos de producción hasta en un 40% en comparación con otras regiones del país. Esto se traduce en precios más altos para el consumidor, pero también en una oportunidad para valorar lo que hay detrás de cada cerveza: esfuerzo, logística y pasión.
La historia de esta industria en el estado se remonta a 2007, con la llegada de Baja Brewing Co., pionera en abrir camino para una generación de cerveceros que hoy definen el panorama actual. Desde entonces, proyectos en Cabo San Lucas y la capital han enriquecido la oferta, consolidando una ruta cervecera que forma parte del atractivo turístico de la región.
Hablar de cerveza artesanal en Baja California Sur es hablar de comunidad, de territorio y de una industria que, aunque joven, ha sabido posicionarse como un motor económico y cultural. En cada vaso no solo hay sabor, sino una historia que merece ser contada y, sobre todo, celebrada.