Análisis2 de febrero de 2026
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Como en cascada, con miras a la celebración de la cuarta jornada del Clausura 2026, América evidenciaba problemas con su plantilla. El francés Allan Saint-Maximin y el español Álvaro Fidalgo no aparecieron en la convocatoria azulcrema previo al choque contra Necaxa. El primero debido a que uno de sus hijos sufrió insultos raciales, según se explicó, lo que llevó al jugador galo a tramitar su salida del club azulcrema. Mientras que el ibérico optó por regresar a su país para militar en un equipo de Primera División, como era su deseo.
La inusual migración amarilla no influyó en el resultado frente a los hidrorrayos, pero sí deja desprotegida a una escuadra cada vez más urgida de cambios. Aunque ahora el tema de Fidalgo agrega otra inesperada circunstancia que parece flotar en el aire: el aparente desinterés para que complete el trámite migratorio que le dé la naturalización mexicana y, de esta forma, pueda representar a México en la Copa del Mundo.
Desde un principio el jugador hizo notar que él, como buen español, sueña con jugar para su nación y no en la nuestra, algo obvio y comprensible (independientemente de que allá carece de las condiciones para ser elegible), por lo que molesta aún más la postura de quienes insisten en sumar otro naturalizado de última hora en el equipo de Javier Aguirre con tal de “salvar” de un nuevo ridículo al Tricolor debido a la ausencia de figuras. Ya de por sí existen opciones como la de Germán Berterame y Julián Quiñones, de ahí que resulte muy forzado y excesivo requerir de otros elementos que, sinceramente, no se identifican con la playera verde.
El objetivo debería apuntar a que jugadores surgidos de nuestros barrios y colonias sean quienes tengan la alternativa de participar en las contiendas mundiales, y para ello los dueños del balón tendrían simplemente que trabajar más con sus fuerzas básicas, pero el persistente propósito de llenar a los equipos de jugadores foráneos ha tenido esta consecuencia inevitable, de ahí que la noticia de la partida de Fidalgo a España luzca como daño colateral.