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Tendenciaslunes, 27 de agosto de 2018

“El Caníbal” de la Guerrero

La historia de un poeta asesino

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Lo atraparon una madrugada en su departamento de la Colonia Guerrero cuando saciaba su hambre con la carne frita de su novia se volvió adicto a la literatura, al cine de terror, a la cocaína, el alcohol y quizás también, a la carne humana

Calva Zepeda tenía un método muy cruel para llevar a cabo sus crímenes; primero enamoraba a sus víctimas de la forma más romántica: les regalaba ramos de flores, chocolates y les escribía poemas con dedicatoria especial.

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Tras su captura, confesó haber asesinado a Alejandra Galeana y a otra joven de nombre Verónica Consuelo Martínez con la ayuda de quien entonces era su amante, sí, un tipo llamado Juan Carlos Monroy; sobre el cadáver de la segunda joven, se deshicieron de él por los rumbos de Chimalhuacán, en abril de 2004.

En 2007, la policía dio con el cuerpo embolsado de una prostituta apodada “La Jarocha”, allá por Tlatelolco, quien murió en condiciones muy similares, sin embargo, “El Caníbal de la Guerrero” negó conocerla y las autoridades nunca pudieron responsabilizarlo de dicho crimen.

El poeta asesino se volvió adicto a la literatura, al cine de terror y sadomasoquismo, a la magia negra, la cocaína, el alcohol, al sufrimiento ajeno, a la sangre y quizás también, a la carne humana. Dichos gustos fueron el excipiente que le dio sentido a su existencia.

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El 12 de diciembre de 2007, en una tarde en la que caía el sol a plomo, los hermanos del difunto: Jorge, Claudia y Elena, acompañados de familiares y amigos, despidieron en su última morada, el panteón civil de San Nicolás Tolentino, en Iztapalapa, a José Luis Calva Zepeda; el poeta acusado de varios homicidios y de haber practicado canibalismo.

“El Caníbal de la Guerrero” se fue con una dedicatoria que a él, seguro le hubiera gustado: “descanse en paz, el poeta seductor”.

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