El grano de trigo
PENSARES
Cuando un matemático oriental inventó el admirable juego de ajedrez, quiso el monarca de Persia conocer y premiar al inventor. Y cuentan que el rey ofreció concederle el premio que solicitara.
El matemático se contentó con pedirle un grano de trigo por la primera casilla del tablero de ajedrez, dos por el segundo, cuatro por el tercero y así sucesivamente, siempre doblando hasta la última de las casillas.
El soberano persa casi se indignó de una petición que a su parecer no había de hacer honor a su liberalidad:
-¿Y no quieres más?, preguntó.
-Con eso me bastará -le respondió el matemático-.
El rey tuvo que confesar al sabio que no podía cumplirle su promesa por no ser bastante rico.
Para comprar esa cantidad de trigo, si la hubiera, no habría dinero bastante en este mundo.
Hay cosas que parecen sencillas, pero en el fondo son profundas.
* COLUMNA POST MORTEM

















