Amor y generosidad
PENSARES
En un almacén de un barrio estaba un niño con la ropa gastada y sucia, miraba atentamente un cajón lleno de manzanas rojas; eran realmente hermosas.
Una señora no pudo evitar oír la conversación entre el pequeño y el dueño:
-Hola, cómo estás, ¿quieres algo?
-Hola señor, estoy bien, gracias, solo admiraba las manzanas, son preciosas.
-Sí, además son muy buenas; ¿cómo está tu mamá?
-Bien
-¿Hay algo en que te pueda ayudar?
-No señor, solo miraba las manzanas
-¿Te gustaría llevarte algunas a tu casa?
-Claro que sí
-Bueno, ¿qué tienes para darme a cambio de ellas?
-Lo único que tengo es esto, mi canica más valiosa
-¿De veras?, ¿me la dejas ver?
El niño le mostró su tesoro, pero el dueño no se quedó muy contento y le dijo:
-El único problema es que ésta es azul y a mí me gustan las rojas. ¿Tienes alguna como ésta, pero de color rojo?
-No exactamente, pero tengo algo parecido.
El dueño le dice:
-Hagamos una cosa: Llévate esta bolsa de manzanas a tu casa y la próxima vez que vengas me traes una canica roja que tienes.
-Muchas gracias señor.
Y el niño salió corriendo con su bolsa de manzanas. La esposa del dueño con una sonrisa dijo:
-Esos tres jóvenes que acaban de salir son los niños de los cuales le hablé que conoció hace unos años en la tienda; me dijeron que vinieron a pagar su deuda. A continuación
levantó la mano de su esposo fallecido y ahí estaban las tres canicas rojas exquisitamente brillantes.
El amor del señor quedó grabado en el corazón de los tres jóvenes, de tal manera que jamás olvidaron su actitud y generosidad.
No seremos recordados por nuestras palabras, sino por nuestras acciones.

















