El Muro
Esos tatuajes…
“Por qué te tatuatis (pos’ nomás), por qué te pintatis, por qué te rayatis… ya te desgraciatis…”.
“El tatuado” Don Cheto
Marcarse permanentemente el cuerpo con fines ceremoniales fue una tendencia de algunas tribus aborígenes. En África, los Bateke se provocaban heridas en los pómulos, mientras los Bayansi lo hacían en la frente -entre cuatro y seis líneas-, lo importante era la cicatriz.
Los Maori, ubicados en lo que hoy conocemos como Oceanía, sí se pintaban el rostro -faena realizada por mujeres-, pero el proceso era muy doloroso, por lo mismo, implicaba varios años. Se le conoce como escarificación y algunas tribus en México también la practicaron.
Hacían incisiones y en la herida resultante vertían algún tipo de colorante de origen natural, el resultado era una cicatriz coloreada.
En las culturas africanas no existía el anillo de bodas, así que las mujeres matrimoniadas eran tatuadas en la barbilla y alrededor de los labios.
Los tatuajes de la momia milenaria, consisten en pequeñas líneas de 3 centímetros, agrupadas en cuatro líneas; las rayas fueron hechas con la técnica ya descrita: Una herida en la piel, pero en este caso, en vez de tinta se usó carbón en polvo.
Hoy, ponerse un tatuaje es tan simple y carente de significado, para la mayoría, como ir a comprar una bolsa de limones; literal.
Hace poco, en un supermercado, me tocó escuchar a una joven madre (no pasaba de los 20 años), decirle a su mamá, quien por cierto, se hacía cargo del pequeño nieto: “´Amá, al rato me acompaña a ponerme un tatuaje…”.
Y eso a usted qué le importa, dirá.
Sí, pero a usted qué, insistirá. El tatuaje por impulso, es una de las más claras muestras de lo manipulables que somos, ahí está la clave.
La recompensa inmediata sin pensar en las consecuencias.
vicmarcen09@gmail.com
















