Análisissábado, 6 de diciembre de 2025
El chamoy, no es mexicano, tiene un origen asiático
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Si te cuento que en realidad el chamoy que todos conocemos no tiene un origen mexicano y que su llegada a nuestro país es relativamente reciente, probablemente te cueste trabajo creerme; el chamoy está tan presente en nuestro día a día que pareciera que ha estado aquí por siglos, siendo uno con nuestra historia y su desarrollo.
Lo añadimos a muchas cosas: fruta, papas, postres, dulces, bebidas, etc; incluso me atrevería a decir que hay preparaciones que sin él simplemente no serían lo mismo. Su sabor es complejo de describir, es ácido pero también es dulce, pero también es un poco picante, pero también es salado, es una mezcla de muchos sabores reunidos y listos para hacernos salivar con sólo traer a nuestra memoria sus recuerdos sobre fruta, o simplemente en el escarchado de una michelada. Pareciera que ha estado aquí siempre, como cualquier otra salsa, sin embargo estoy casi seguro que no conoces todo sobre su origen lejos, muy lejos de nuestro país.
La historia cuenta que su origen real se encuentra en Asía, probablemente en Japón o China para ser más precisos. Particularmente en Japón existe una fruta parecida a un pequeño chabacano llamada ume. Resulta que este pequeño chabacanito es cosechado antes de llegar a su punto de maduración para obtener de él la mayor acidez posible. Una vez cosechado se deposita una buena cantidad de umes en grandes bidones añadiendo bastante sal para después dejarlos fermentar en sus propios jugos durante meses. Una vez fermentados se dejan secar al sol durante todo el verano, sí la sincronicidad con el calendario es importante, para despúes ser mezclados con hojas de siso o shiso, que es una planta asiática de color rojizo y con notas aromáticas parecidas a la menta. Si hasta aquí el proceso te ha parecido laborioso, espera a escuchar que a partir de aquí los umes se dejan madurando durante AÑOS. Al finalizar, se obtiene un producto con una mezcla de sabores diversos: dulce, salado, ácido y umami. Es tanto su sabor que puede ser consumido simplemente acompañado de arroz, sin necesidad de añadir absolutamente nada. A la fruta del ume que pasa por este proceso se le llama umeboshi.

Sin embargo, probablemente esta preparación, por maravillosa que suene, no es la única influencia de la que se desarrolló el chamoy. En China, existe algo similar pero en lugar de ser realizado con umes, se realiza con ciruelas encurtidas y saladas, que también se elaboran a través de un proceso muy tradicional y laborioso, y que también dan como resultado un producto dulce, ácido y salado. A las ciruelas que pasan por este proceso se les llama see mui. Una palabra bisilaba que ya comienza a sonar más parecida a chamoy.
¿Pero qué crees? Aún hay otra influencia importante para la creación del chamoy. En Filipinas existe algo conocido como kiamoy, que de nuevo, se trata de frutas encurtidas y saladas que se consumen como snack, y cuyo sabor de nuevo es dulce, ácido y salado.
Como puedes imaginar, tanto el umebushi, el see miu, y el kiamoy, son preparaciones que si bien son la base de nuestro chamoy, es fácil encontrar influencias entre ellas mismas, por lo que definir un origen único o la versión más antigua, sería algo complejo. Ahora bien ¿cómo fue que esta preparación llegó a México y se transformó en el chamoy que todos disfrutamos?
Se cree que durante el proceso de migraciones asiáticas que vivieron entre el siglo XIX y XX, llegaron a México personas de distintos lugares de Asia que trajeron con ellas sus tradiciones y su gastronomía que poco a poco se fueron mezclando entre ellas y a su vez con la gastronomía de nuestro país. En México, si bien estas preparaciones conservaron su dulzor y acidez. Se le añadió algo que lo cambió para siempre: el chile. Pero esta no fue la única modificación, ya que se utilizaron frutas locales que pudieran sustituir a otros frutos que solo se consiguen en Asía, para lo cual se utilizaron chabacanos, tamarindos, ciruelas y hasta la flor de jamaica.
Para dar la cualidad picante típica de México, se pueden utilizar chiles secos, principalmente molidos; y para aumentar la acidez es común añadir vinagre y limón a la mezcla. Y así fue una vez más el mundo redujo su tamaño, combinó culturas lejanas y enriqueció nuestras vidas al hacer que un acto tan común, como escarchar nuestra michelada con chamoy, sea en realidad la evolución de una tradición milenaria, transformada al llegar a un nuevo continente y enriquecida con sus sabores locales. Ahora ya lo sabes, la próxima vez que te sientas salivando al pensar en una fruta bañada en chamoy y cubierta con chilito molido, sepas que tuvo que pasar de todo para poder transformar esa experiencia en algo común en esta parte del mundo.