Análisismiércoles, 21 de enero de 2026
Expediente Q / Obras
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Arrancan las obras del tren México–Querétaro y con ellas, inevitablemente, regresan las complicaciones en la movilidad de la ciudad. Era un escenario anunciado y advertido;hoy la realidad alcanza a Querétaro y obliga a asumir costos temporales por una obra de largo plazo.
El primer impacto se dará en Corregidora Norte, con la demolición y sustitución del puente de El Cerrito. A partir de ello, siete rutas del sistema de transporte público serán desviadas, afectando a más de 24 mil usuarios. La Agencia de Movilidad del Estado ha diseñado un plan emergente que incluye una ruta gratuita de apoyo, con 15 unidades, frecuencia de 15 minutos y recorrido estratégico entre Plaza del Parque y Avenida Universidad. No es menor el esfuerzo operativo, pero tampoco se puede minimizar el impacto cotidiano para miles de personas que dependen del transporte público para trabajar, estudiar o atender sus actividades básicas.
Aquí no hay espacio para discursos triunfalistas ni para minimizar las molestias. Querétaro volverá a enfrentar tiempos de traslado más largos, vialidades saturadas y una presión adicional sobre un sistema de movilidad que ya venía operando al límite. Corregidora Norte es una arteria clave y su intervención tendrá efectos en cadena.
Al mismo tiempo, es importante poner los hechos sobre la mesa. El puente de Bernardo Quintana no será demolido ni sus obras coinciden con las de enero. Su ampliación está prevista hasta junio y se trata de una intervención distinta, necesaria para dar paso a las nuevas vías del tren. La narrativa del “todo al mismo tiempo” no ayuda y solo genera más confusión y enojo social. La información clara y oportuna será clave para evitar que el desgaste político y social escale innecesariamente.
Otro punto que no se puede soslayar es la recuperación del derecho de vía. Durante años, ese espacio fue invadido, tolerado o simplemente ignorado por la autoridad. Hoy, con una obra de esta magnitud, no hay margen para simulaciones. El tren no va a rodear construcciones irregulares ni a negociar metros perdidos con el tiempo. La ciudad creció desordenadamente y ahora paga las consecuencias de decisiones que no se tomaron cuando se debían tomar.
El tren México–Querétaro es una obra estratégica, de alcance regional y con beneficios permanentes en conectividad, competitividad y desarrollo. Eso no está en discusión. Lo que sí está en juego es la capacidad de las autoridades federales, estatales y municipales para coordinarse, comunicar y contener el impacto social. La presencia de las Fuerzas Armadas como responsables de la obra garantiza ejecución, pero no sustituye la necesidad de diálogo con la ciudadanía.
La molestia será temporal, el beneficio será permanente. Esa frase es cierta, pero no basta repetirla. Se requiere empatía, planeación fina y ajustes constantes. Querétaro no puede improvisar en movilidad mientras se construye su futuro. Las obras ya comenzaron. Ahora toca resistirlas con orden, información y responsabilidad.
Ninguna palanca podrá lograr que el antro Konor vuelva abrir sus puertas, será nuevamente el clásico caso después del niño ahogado y baleado, se tapa el pozo; tantos avisos y faltas aye tuvo pero solamente hasta que algo grave pasó se cierra, en fin así son las cosas.