Con la llegada del domingo del gozo se nos ofrece la oportunidad de tomar conciencia que a la fe le va implícito un carácter festivo, por su naturaleza la fe ha de vivirse con ánimo de fiesta. Todo lo que la fe sostiene, afirma y celebra nos hace vivir, todos los días de nuestra existencia, totalmente gozosos. Es propio de los creyentes vivir alegres porque fe y gozo son casi sinónimos. Fe y alegría van de la mano.
Con este tercer domingo del adviento se arriba, también, a la segunda parte del adviento, son las ferias que van del 17 al 24 de diciembre. La intención fundamental de esta segunda y última parte del adviento es la de colocar a los fieles de cara al misterio de la fiesta inminente. Su finalidad es la de preparar más directamente a la Navidad, poner en alerta y con una preparación más decidida y frontal. Por eso la fiesta, la alegría y el optimismo que inyecta la Palabra de Dios por todos lados. El Señor es la verdadera razón de toda alegría. No somos unos ilusos que viven narcotizados en medio de los dolores y dramas del mundo y de la vida, sino que, tenemos una esperanza que nos concede vivir alegres, pese a todo, festivos.
El evangelio insiste ya directamente en las figuras de María y de José. Así, en orden cronológico, se habla del nacimiento de Jesús en la sucesión de David. Del anuncio del nacimiento del Bautista. Del anuncio del Nacimiento a María por parte de Gabriel. Del reconocimiento de María de su pequeñez y su proclamación del cántico de los pobres, y finalmente del nacimiento del Bautista. Si se pierde de vista este horizonte, se corre el peligro de perderlo todo, porque la única razón de ser de la navidad que está a la puerta es el nacimiento de Jesús. No hay una intención distinta de esta. Jesús es la única razón de la Navidad y, por tanto, la razón del gozo, de la fiesta y de la alegría.
Es una ruta bien marcada que responde a una intención específica. Esa es la vía por la cual, la parte “histórica” del adviento va conduciendo a la Iglesia para que se acerque cada uno a los pormenores del nacimiento del Mesías, y de los acontecimientos que sucedieron en torno al mismo. Se trata de una insistencia directa ya en la celebración de la llegada del Señor, tal como llegó en la historia en un momento concreto, allá en la gruta de Belén. Que nada ni nadie nos robe nunca la alegría de la fe.