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Ahora que terminó la cumbre de negocios denominada Foro Económico Mundial 2018 (World Economic Forum o WEF), llevada a cabo la semana pasada en Davos, Suiza, con los principales empresarios y jefes de estado del mundo, las interpretaciones y conclusiones son de naturaleza diferente e invitan a la reflexión.
Por un lado el discurso de grandes líderes como Donal J. Trump, presidente de Estados Unidos de América, donde trató de complacer a tirios y troyanos, pero que despertó una gran expectativa y polémica por tratar de convencer al mundo de lo que son los Estados Unidos de América para el mundo, ahora que gracias a él son más poderosos económicamente que todos los demás.
De esta manera, su interpretación de “América First” es interpretada como sumamente egoísta y ya comienza a aislar a su país del resto del mundo, como lo retrata la portada de la revista Time de la primera semana de febrero, ya que plantea una supremacía caracterizada con tintes que algunos consideran hasta racista, cuando trata de matizar con epítetos desagradables a los haitianos, africanos y a otras culturas asiáticas, que sólo revelan su desprecio por las grandes mayorías de depauperados en el mundo. Por ello, es en esta lógica que el mundo y sus aliados tienden a conformar nuevos bloques y con ello evitar ser avasallados por este gigante de la economía mundial.
En realidad es una personalidad muy sui genéris la del presidente del vecino del norte, que tiene una forma de negociar un tanto peculiar, ya que primero amenaza y luego trata de sacar el mayor provecho posible a la contraparte opositora, entonces se sienta a negociar; esta aparente ambigüedad enseguida se aprecia y deriva en un comportamiento más bien errático, que confunde a quien no lo conoce, pero que también le ha creado numerosos oponentes y hasta enemigos, de todas formas no parece molestarse por esto.
Lo que es innegable es que ignora al resto del mundo, aunque reitere que no es así, porque parte de la base de una negociación siempre basada en la fuerza y sin concesiones al adversario, lo que es obvio es que es la política del garrote y la zanahoria nunca ha funcionado. Esto se aprecia con el descontento que se está orquestando alrededor del mundo, donde la irritación de los países toma diferentes tonos, como es el caso de México y Canadá con el TLCAN, al que ha amenazado con terminarlo, para lo cual sigue poniendo condiciones onerosas para los mexicanos y canadienses.
En el fondo su aparente política nacionalista lleva necesariamente al proteccionismo de su país con respecto a las demás economías del orbe y las respuestas no se han hecho esperar; la única diferencia es que no puede ir contra la historia del mundo, ya que existen otras opciones, donde su participación en el concierto de las naciones son altamente cuestionadas alrededor del mundo.
Son sus posiciones de no apoyar las políticas en materia de cambio climático, su política antimigrantes, el apoyo a los mineros de su país con menoscabo de las energías limpias, su afectación a los más pobres en el sistema de salud americano, su protección exagerada a los grandes capitales, su baja a los impuestos de los más ricos, entre otros yerros; todo ello tendrá un desenlace al final, que inexorablemente se reflejará en sus niveles de popularidad, que siguen descendiendo, como ya dan fe los bajísimos niveles de popularidad, en su propio país.
México, por su parte, fue a defender con la mayoría de los países del mundo el libre comercio (free trade), apoyando los tratados de libre comercio como el TPP del que Donal Trump sacó a su país, con una miopía que no contempla que el vacío que él provoca será aprovechado por los europeos, canadienses y asiáticos, principalmente China, Japón y la India.
Como siempre dice que si le conviene lo va a reconsiderar, pero los asiáticos ya no lo consideran fiable; por ejemplo, el presidente de China, Xi Jinping, afirmó en Davos que ante una guerra comercial, nadie saldrá vencedor y Canadá acaba de firmar su entrada al TPP. Por lo pronto, nosotros seguiremos nuestra relación comercial, con o sin TLCAN, pero ahora ya fortalecidos por la ola antiproteccionista que defiende el libre comercio, volteando hacia el mar y hacia Europa, Asia, Latinoamérica, África y Oceanía. Ya nos estábamos tardando.