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El periodo 2015-2020 estuvo enmarcado por el temor de un incremento del retorno, producto de la postura antiinmigrante de Donald Trump, quien alentó un discurso en contra de la llegada de migrantes -en este caso mexicanos-, promovió su proyecto de muro fronterizo y efectuó acciones en contra de los inmigrantes que ya residían en Estados Unidos.
Según el censo de 2020, entre las y los retornados hay una diversidad de perfiles: mujeres y hombres de distintos grupos de edad y nivel de escolaridad, sin embargo, predominan los hombres (75%), y entre ellos la mayoría tiene entre 20 y 59 años (85%). El nivel de escolaridad de esa población de 21 años o más era: con 7.7% con primaria o menos: 36.1% hombres, 33.4% mujeres; secundaria: 33.9% hombres, 23.7% mujeres; preparatoria: 21.1% hombres, 24.9% mujeres; licenciatura: 7.7% hombres, 15.4 mujeres y posgrado: 1.1%, hombres, 2.3% mujeres (Inegi 2020), registra Luis Enrique Calva Sánchez de El Colegio de la Frontera Norte en “Perfiles y tendencias en la migración de retorno a México durante la administración de Trump”.
Sin duda Trump en su primer periodo gubernamental tuvo una postura totalmente antiinmigrante, sin embargo, sus acciones no estuvieron acompañadas de un incremento en el número de expulsiones o deportaciones: si se compara el promedio anual de eventos de mexicanos repatriados durante el segundo periodo presidencial de Obama y los tres primeros años de Trump, se observa un decremento. A pesar del contexto antimigratorio promovido por Trump, no es sorprendente que en el censo en México de 2020 se registre una disminución en la migración de retorno. Se identifica a 286 mil 37 mexicanos que cinco años atrás residían en Estados Unidos. Su periodo presidencial se caracterizó principalmente por las acciones en contra de los migrantes, lo que sin duda representa un grave retroceso respecto a lo que se observó en los últimos cuatro años de la administración de Obama. Sin embargo, también hay que tener en cuenta que además de las especificidades en política migratoria de cada periodo presidencial, en Estados Unidos hay toda una maquinaria que se ha encargado de gestionar la migración en función de sus intereses políticos y económicos y esta trasciende los periodos presidenciales (scielo.org.mx).
Desde el inicio de su campaña, Trump siguió una estrategia de ataques verbales hacia las personas migrantes para orientar el disgusto social de los estadounidenses hacia los migrantes; acusó particularmente a los mexicanos de ser criminales, violadores y narcotraficantes ─afirmaciones sin fundamento─, además prometió expulsar sin distinción a los indocumentados (con y sin antecedentes criminales) e incluso limitar el ingreso documentado.
“Se ha difundido de manera masiva en todo el mundo, las amenazas del hoy -por segunda ocasión- presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, que colocan en un lugar visible a la comunidad de migrantes indocumentados mexicanos y a nuestro país en general. Si bien ha involucrado también a otros países y a sus propios ciudadanos, en esta reflexión nos enfocaremos en lo que nos atañe, comenta Teresa Galicia en Educación Futura. Más allá de que se hagan realidad las amenazas en Estados Unidos, en México tenemos mucho por hacer: está documentada la violencia institucional hacia la población migrante. Funcionarios públicos involucrados en casos de corrupción, denegación de acceso a los derechos y a la justicia, sigue existiendo un abismo entre el discurso de derechos humanos que maneja el Instituto Nacional de Migración (INM) y sus prácticas; tampoco se ha atacado de raíz la violencia institucional cuyos orígenes son: el racismo, la homofobia y la xenofobia, y muchas veces, una cultura de corrupción e incluso colusión con el crimen organizado arraigada en las instituciones públicas. México se ha posicionado como un país con diversas instituciones que, en teoría, ofrecen atención integral para salvaguardar la vida de las personas migrantes, sin embargo, la mejora de sus condiciones de tránsito no siempre es consumada” (Mejía y García, 2014).
“En el mundo, hay millones de personas en tránsito. Algunos tuvieron que abandonar sus hogares debido a los conflictos, a la pobreza o al cambio climático; otros se marcharon con la esperanza de encontrar una vida mejor y más segura. Muchos de ellos se enfrentan a peligros, arrestos, dificultades y discriminación en el camino, en su lugar de destino o cuando regresan. Como todos los seres humanos merecen protección, atención y toda la ayuda y los servicios necesarios para salir adelante”. Para los compatriotas mexicanos: trabajo, vivienda, salud, educación, entre otros.
Teresa Galicia propone algunas soluciones para la población migrante: En lo referente al empleo los migrantes que regresan a México poseen saberes y experiencias que han aprendido de manera empírica, por necesidad ante su supervivencia, lo que requieren, por tanto, es certificarse para conseguir un trabajo que en México es muy credencialista, si no se tienen papeles no hay trabajo. La certificación en y para el trabajo es algo necesario que desde mi punto de vista no se ha impulsado de manera suficiente, se abren universidades, tecnológicos, etc., pero ¿qué hay de las necesarias para que las personas se incorporen inmediatamente al mercado de trabajo? Instituciones como el Instituto de Capacitación para el Trabajo (ICATEP) deberían de multiplicarse por todo el territorio nacional.
“En cuanto a salud, es imposible negar que los sistemas de salud de nuestro México están rebasados, si bien ofrecen servicios médicos para todos, tienen escasez de infraestructura, medicinas, doctores, personal de apoyo, asistencia y aseo, insumos necesarios. La educación es todo un tema. Es importante destacar que la mayoría de las autoridades escolares desconocen las experiencias de los migrantes y aspectos socioculturales que les son propios, así también, la escasez de estrategias de algunos docentes para recibir, atender y educar en contextos migrantes; como lo he venido destacando, apunta Galicia porque la escuela actúa como normalizadora de los sujetos que no se ajustan a los cánones sociales, sobre todo por diferencias de clase, étnicas y de condición etaria, por lo que viven una realidad trastocada en sus relaciones sociales y escolares, lo cual, en ciertos casos, implica volver a empezar un ciclo escolar en otro país, retomar rutinas, aprender y convivir con el otro” (Franco, 2017).
También está el caso de la población adulta mayor, con fuerte presencia en Estados Unidos que ha envejecido: entre 2010 y 2020, el número de mexicanos con 50 años o más aumentó de 2.5 a 4.0 millones. Se trata de población jubilada que no regresa por su voluntad, también hay un componente de personas deportadas que tienen una doble desventaja al tratar de (re)incorporarse en México por el estigma y discriminación debido a su edad y ser deportada (scielo.org.mex 2021). Tenemos mucho que hacer los ciudadanos mexicanos, “tener una experiencia donde la equidad se centra, la igualdad se considera, la inclusión está en primer plano en la mente de las personas, esas son cosas que estamos enseñando a la próxima generación sobre cómo deberían dirigir el mundo” (Oficina de Georgetown, Washington, D.C).