Estamos en los albores de la gran celebración de la Navidad, la noticia estalla por todos lados. ¡Nos ha nacido el Salvador!, ese es el mensaje por excelencia, el evangelio en su más clara verdad. Y creer esto lo cambia absolutamente todo. El nacimiento del Salvador trae los dones que más falta hacen en el mundo en este momento de la historia: la luz y la paz. Eso es lo que, de manera muy emocionante dice el profeta Isaías: “el pueblo vio una luz intensa, un Niño nos ha nacido, y su nombre es príncipe de la paz” (cfr. Is 9, 1-6). Esa es la manera en la que Dios muestra su brazo poderoso en favor de la humanidad, Dios interviene en el mundo y lo hace en la ternura de un niño cobijado en brazos de unos padres primerizos.
Dios es un Padre espléndido que, en la gruta de Belén cambia la historia desde la humildad y desde la sencillez, en la ternura de una madre, junto a su esposo que reciben a su hijo y lo envuelven en pañales. Esos son los métodos con los que Dios se involucra en la historia, desde la sencillez, con la humildad, en la ternura de un niño indefenso que precisa los cuidados de sus padres. Así es el modo en el que trabaja el Padre Dios en favor de la humanidad. Dios ama la humanidad, por eso la ha visitado, por eso se ha encarnado. Dios está enamorado de su Creación, por eso muestra su ternura de muchas formas; por todos los caminos sale al encuentro de los suyos. Ahora lo hace, de manera impresionante en la encarnación. Dios no grita ni avasalla, tampoco castiga y coloniza con ira: con calma y ternura habla de amor en la mirada del Niño.
Con la navidad Dios entrega la paz y ofrece la luz verdadera que rompe con las tinieblas. En el Niño Jesús está la luz que disipa las propias sombras y que vence la oscuridad del mundo. Seguramente, como se trata de una verdad tan profunda, pero que aparece con tanta sencillez, por eso muchos prefieren luces y adornos, regalos y cenas espléndidas, que son bellas, fraternas y muy nobles. Pero que, de manera inocente, pueden estar robando el verdadero sentido de la navidad. La navidad es Cristo, es Dios que nace en el mundo para ser el amor, para mostrar que Dios está a favor de la humanidad y que su luz vence toda oscuridad. Es celebrar el favor de Dios por los hombres, la opción que Dios hace por sus creaturas.