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Esta expresión suele emplearse para justificar conductas que reciben severas críticas de los demás, pero que, en el fondo, posiblemente encierran desprecio social, pereza emocional o temor al cambio. En psicología puede interpretarse como una fijación limitante o como una creencia en la inmutabilidad personal; es decir, la falta de confianza en que se pueden cambiar ciertos rasgos de conducta y hábitos. Es como una especie de rigidez cognitiva que dificulta adaptarse a nuevas circunstancias o considerar alternativas diferentes.
Quizá la idea más persistente sea la creencia de que no se es capaz de cambiar las conductas propias, a pesar de las dificultades que esto ocasiona con los demás. En nuestro comportamiento no hay determinismo emocional, pues se supone que los rasgos personales no hereditarios no son fijos ni inmutables, y que sí es posible cambiar nuestras actitudes y comportamientos.
Decir “yo así soy” también puede reflejar la manera en que una persona se valora a sí misma. Puede indicar una baja autoestima, pues al asegurar que “yo así soy y no puedo cambiar”, implícitamente está aceptando poco control de sí mismo, a través de frases paralelas como “soy un desastre”, “continuamente ofendo a los demás”, “nunca termino lo que empiezo”, revelando el contexto de una autoimagen deteriorada.
Algunos expertos vinculan esta frase con el narcisismo o “yoísmo”, en una falsa idea de autenticidad. No les puede dar orgullo creer que ser auténtico justifica sus desplantes, su falta de colaboración, sus groserías con los demás, porque “son muy sinceros”. Más bien es una falta de empatía, de una autoestima baja que pretende disfrazar de autoestima alta, falta de respeto, de autocontrol, de exigir a otros lo que ellos no se pueden dar. Es una forma de inmadurez emocional.
Se asume la identidad propia como intocable y se exige la tolerancia ajena: “yo así soy… tú aguántame”. Ser auténtico significa congruencia entre valores y actos, no el abuso del “así soy” para usarlo como justificación de la desfachatez y el rechazo a las críticas ajenas. El narcisismo se hace evidente en la satisfacción de su ego y la poca atención a las necesidades de otros. Como un escudo para cubrir inseguridades profundas, angustia, deseos de llamar la atención y desadaptación social.
En el ámbito del desarrollo personal, la actitud de “yo así soy” evidencia una fuerte resistencia al cambio y a enfrentar la incertidumbre que constituye toda transformación. De algún modo se siente cómodo y le ha dado algunas satisfacciones pasajeras. Hay también una falta de conciencia, de conocerse a sí mismo, de voluntad y objetivos. No es capaz de cuestionar lo que realmente significa la frase “yo así soy”.
También la pueden usar para zanjar discusiones, para no dar explicaciones. Exigen que los demás les acepten tal como son, sin acceder a recíprocas condiciones. Su postura no es un permiso para ser grosero, egocentrista, establecer relaciones tóxicas o dejar a los demás molestos. Más bien, esta frase resume todos los males de la sociedad actual. En aquellos jovencitos que son llamados “generación de cristal”, en los indolentes, en los arrogantes que se sienten intocables.
Cambiar exige autoconfrontarnos y preguntarnos “quiénes somos”, buscar la razón por la que somos así. Preguntarnos cómo nos veríamos si fuésemos más cooperativos, empáticos, tolerantes, menos egoístas e interesados en la armonía grupal, aceptando que podemos cambiar. Todo esto implica un esfuerzo personal y para muchos quizá sea más fácil continuar igual, en la inercia que muchas veces a ellos mismos les molesta. Cualquiera que lo decida, puede salir de ese “hoyo”. Todos tenemos suficientes recursos internos para enfrentar eso y más.