
El pasado domingo 1 de octubre se llevó a cabo en Cataluña un referéndum en que se planteó su probable independencia con respecto a España. Más de dos millones de votantes participaron; un 90 por ciento se expresaron a favor del Sí. El porcentaje de afluencia a las urnas fue de, según el censo de población más reciente, un 65% de los catalanes con derecho a voto.
El proceso estuvo teñido de fuertes discrepancias entre el gobierno central representado por Antonio Rajoy y su partido, el Partido Popular (PP)con el apoyo del Partido socialista Español (PSOE), principalmente; y por el otro bando, la Generalitat de Catalunya con su jefe de Gobierno Carles Puigdemont y el vicepresidente, Oriol Junqueras, con el apoyo en el Parlamento Español principalmente del Partido Podemos.
Pese a que el Gobierno Español representado por Rajoy declaró inconstitucionales tanto al referéndum como al deseo de muchos catalanes de ver cristalizado su deseo de independencia, todo inmerso en la inveterada diatriba del respeto a la ley,a las instituciones, al Estado de Derecho, y al mundo como está, aunque esté mal y las leyes vayan a la zaga de la realidad siempre transformada y transformadora, y por el otro lado, el derecho inalienable delos pueblos a su libre determinación.
Se trata de un conflicto que he seguido con sumo interés desde semanas atrás gracias a la posibilidad tecnológica de ver en vivo a través de la web la tv catalana (tv3 y 8aldía) y española (tve24h), y los diarios impresos como La Vanguardia, El País y demás del mundo (Times, NYT, TheGuardian, Le Monde, principalmente) para ver cómo trataban el asunto. Obviamente, La Vanguardia con una idea más amplia de los sucesos y con su notorio cariz catalán sin simpatizar del todo con el movimiento independentista, sino mesuradamente; mientras que la tv oficialista española y el País, denostando el movimiento independentista catalán.
La lucha independentista catalana data de muchísimas décadas atrás. No es reciente. Inclusive, a los desmemoriados se les olvida que el concepto de las naciones europeas y la comunidad europea ha sido un proceso de evolución de siglos pero que en su principio tuvieron su origen en los pequeños territorios y comunidades. Como que el centenario proceso pendular del ying y el yang en la historia no detiene su ritmo por lo que las luchas contra la globalización comienzan también a cobrar fuerza en el mundo. Los signos están a la vista. Aquel sueño de los grandes bloques que se inició en los años 80’s en Europa de una Comunidad que integrase a todos los países comienza a resquebrajarse: el Brexit en Inglaterra, Cataluña ahora, los países nórdicos quizá más adelante, Alemania tal vez cuando su pueblo se fatigue de cargar a cuestas las economías debilitadas de la Europa del Sur –España, Italia, Grecia, Portugal-, si tal pudiere aceptarse la terminología, Europa del Sur vs. Norte desarrollado.En el caso nuestro, el Tratado de Libre Comercio (TLC) y su supuesta integración económica y cultural, al borde de la extinción.
Lo que debe quedarnos claro es que todo cambia, todo se transforma. Como todo organismo vivo: involuciones y evoluciones paulatinas. Las sociedades, por su cuenta, están más vivas que nunca. Sobe todo ahora, en que los contagios son indetenibles (la Primavera Árabe por ejemplo propiciada por las redes sociales) en que podemos estar minuto a minuto al tanto de lo que ocurre en todo el mundo, pese a la censura impuesta por las grandes televisoras al servicio del gran capital. Son centenares los canales que podemos ver a través de la web, podemos ver entrar por la ventana un chorro de luz, de información, de ejemplos en el mundo, que deberían servirnos para sacarlos por la puerta –antiguamente se decía que cuando la pobreza entra por la ventana, el amor sale por la puerta-, luego de haberlos pasado por el tamiz de nuestra conciencia y experiencia, para integrar esasnuevas ideas y experiencias a la comunidad.
Esa es la gran enseñanza del pueblo catalán, la unión, la fuerza, la defensa de sus ideales, que no se circunscribió únicamente a Barcelona –como ocurrió recientemente en la capital del país con el sismo del 19S en que se produjo un enorme despliegue de energía y solidaridad por parte de la sociedad civil- , su capital, sino que se esparció por cada rincón de las provincias: Badalona, Tarragona, Girona, Lleida y las poblaciones que las conforman – Tonalá, Arriaga, Pijijiapan, no, perdón: Figeras, Puigcerdá, Sitges, Mataró, etc. Su defensa de las urnas ante el embate del Estado español mediante la Guardia Civil para impedir el referéndum; la disposición y organización de más de dos millones de catalanes para realizar un proceso electoral contra marea y viento y contra el embate policiaco que dejó más de 800 heridos. Sin INE por supuesto. Simplemente la voluntad participativa de la sociedad civil para ejercer su derecho a expresar su opinión a través del voto. Las imágenes fueron conmovedoras; gente durmiendo la noche del sábado al domingo en los colegios electorales –planteles educativos principalmente- para salvaguardar las papeletas y las urnas. Y si bien en un principio el pueblo catalán estaba dividido entre los independentistas y los que no, con las equivocadas medidas autoritarias del Gobierno Español (encarcelamiento de Puigdemont y Junqueras entre muchos más líderes del movimiento separatista), propiciaron el enojo y la toma de partido de muchos catalanes más a favor del respeto a su soberanía. Pero lo de la guardia Civil golpeando a la población civil inerme y llevándose las urnas, acabó de fraguar el temple de los catalanes en la respetable defensa de su soberanía. Al momento de redactar esta colaboración, el 3 de octubre, organizaron una “parada” en todo el territorio para defender los resultados de los sufragios. Se organizaron de inmediato y surtió efecto. Dieron muestra de inteligencia , organización pero también de músculo. El gobierno de Rajoy aplaza para el 7 de octubre la discusión del tema en el Parlamento (como el silencio y “afantasmamiento” de nuestros gobiernos ante los sucesos del sismo 7S y 9S. Bruselas, que también se mantenía al margen, discutirá el tema Cataluña el 4 de octubre. El País Vasco, antaño combativo y separatista, guarda silencio también a la espera seguramente de cómo se desarrollan los sucesos. Rajoy tuvo cuidado de llenar previamente de Euros las arcas del erario eúskaro con parte de lo que le escatimó a Catalunya.
Los catalanes han sido a lo largo de su historia grandes navegantes, extraordinarios comerciantes, un pueblo esforzado y trabajador que se ha ganado a pulso el respeto del mundo. Y la admiración generalizada. Ahora lo que está en discusión es precisamente que las medidas económicas del Gobierno Español del PP han sido sumamente lesivas contra Cataluña, lo cual ha desatado esta efervescencia independentista.
Recuerdo que en el otoño de 1990 tuve oportunidad de estar en Cataluña. Procedente de Madrid vi el amanecer en Barcelona a bordo de un talgo, aquellos viejos trenes de la época. Mi sensación fue haber llegado realmente a Europa. Era notorio un fuerte palpitar de animal vivo, de país industrioso, de indetenible caminar hacia el desarrollo; contrastante con la hidalguía que había notado entre los madrileños, el donaire; Barcelona se preparaba para los juegos olímpicos y Montjuic tanto como el barrio Gótico se encontraban en plena transformación. “Posa bella Barcelona” era el slogan que permanece en mi memoria. Cuando lo he contado noto en mis interlocutores un dejo de sospecha, de incredulidad, pero no me canso de recordar cómo en aquel entonces, a mis 22 años, me tocó presenciar en un cruce de calle, en Las Ramblas, detenidos frente al rojo de un semáforo, cómo dos catalanes se volteaban a ver, se saludaban sin conocerse, uno de ellos bajó la mirada al pulso del otro, le expresó que llevaba un hermoso reloj, y en ese momento realizaron un acto de compraventa, el más rápido y espontáneo que he visto en mi vida. Cuando más tarde se lo conté a Paquito Bacardí, mi amigo catalán anticuario del Passeig de Gratia, me dijo: “Pero hombre, claro, aquí sabemos que el pastel hay que compartirlo”. Código de conducta que ha marcado mi conducta empresarial y financiera desde entonces.
Mi admiración por el industrioso pueblo catalán me hace tener presente, entre otras cosas, esa gran odisea que fue para los nautas catalanes medievales el apropiarse de todo el comercio del Mediterráneo. Diestros maestros del comercio marítimo lo fueron, e inclusive, por ahí se insinúa que la formación de Cristóphorus Columbus tuvo que ver además de sus orígenes venecianos con los maestros cartógrafos catalanes. Tantos “exemples” de este tipo que atesora la historia “catalá”.
Sé que los días por venir serán tremendos para ese pueblo que ahora lucha por ser “lliure” (libre). Y del momento actual a conseguir su independencia significará recorrer un largo trecho; no será fácil obtener el reconocimiento del actual gobierno español ni de parte de la Comunidad Europea y su Parlamento en Bruselas; es obvio que no pueden aceptar este inicio de fragmentación territorial. Será un arduo trabajo reorientar el sistema económico, político y social. No será tarea fácil la que les vendrá. Pero la suerte está echada. Sin duda comenzaremos a escuchar en todos los corrillos y a lo largo del territorio catalán el “Va pensiero”, aquel canto verdiano a la libertad de la ópera Nabucco, que en su momento entonaban los nacionalistas italianos a principios del siglo XIX –Garibaldi entre ellos- para oponerse a las tropas de ocupación austríacas.
Trasladado a nuestra realidad: Chiapas fue un estado autónomo. Quedan vestigios de esas ideas independentistas. El Soconusco tiene hoy en día aún fuertes reclamos a la federación y a los propios gobiernos estatales. Recientemente, su zona deinfluencia, fue golpeada por un fuerte sismo. Resulta temerario decirlo pero las semillas de la rebelión no están aún podridas en los cenagales de la historia.