Son los últimos días de marzo de 2022, y como de costumbre, estoy dando clases. De pronto, al terminar la sesión reviso una notificación que me ha llegado en la aplicación de Facebook; ahora mismo, la página de la Coparmex Juárez, está trasmitiendo en vivo. Es una rueda de prensa que se ha convocado con motivo de la más reciente iniciativa del empresariado local: la construcción de un centro de convenciones que será subsidiado con presupuesto gubernamental y nada menos ¡que en terrenos públicos federales! Justo en el célebre e histórico Chamizal.
El ponente —un destacado empresario maderero— que hace las veces de aficionado de la historia regional, en estos momentos se presenta como “historiador”, mientras proyecta un mapa de reciente data en el que, por una parte, se destaca el perímetro de la zona arbolada del parque público federal y en la otra, el territorio cedido por el gobierno norteamericano en un tratado firmado el 29 de agosto de 1963. Con una gran sonrisa y una actitud autocomplaciente, señala con su láser un punto en el mapa. Es la zona conocida como “los hoyos del Chamizal”, en el otrora cauce del Río Bravo, luego agrega con profunda seguridad: “esta área no es Chamizal”, despertando los aplausos de una audiencia a modo.
Con una gran consternación y no sin algo de tristeza, continuo dando scroll a la pantalla de mi celular, solo para redescubrir algo que llevo semanas viendo sin ver: en la vecina ciudad de El Paso, Texas; un grupo ciudadano—con apoyo de historiadores— ha peleado la buena batalla en defensa de un territorio ubicado en el corazón de su centro histórico. Y es que en 2012, el cabildo paseño aprobó una iniciativa para construir un centro de exposiciones en el centro de la ciudad. Luego, en 2016, el plan cambió para construir un estadio. Así, Duranguito -un barrio antiguo- ha sido desalojado y está por ser derribado, con miras a la construcción de un centro de convenciones y deportivo. En un conflicto que duró años y que terminó en la Suprema Corte de Justicia del vecino país, el proyecto acabó siendo cancelado al demostrarse que en la zona hay vestigios arqueológicos.
De vuelta en México, los medios de comunicación —integrados por “líderes de opinión” que representan intereses creados— se inundan de comentarios a favor de la construcción de un centro de convenciones —privado— con fondos públicos y en espacios que le pertenecen a la Nación. Hasta ese momento, el Chamizal era una zona que se encontraba bajo la custodia del municipio de Juárez. Así, la mesa estaba servida, todo estaba dispuesto, solo hacía falta comenzar el banquete. Sin embargo, en una de esas ocurrencias que a veces vienen a mi mente, decidí hablarle a un amigo, que sé, es cercano a uno de los historiadores que están en la lucha por la defensa de Duranguito: —“Willy, buenas tardes, soy Iván. Oye, un favor, pásame el celular de David Dorado Romo”, —“Simón, ahí te lo mando”; responden del otro lado de la línea.
—“David, buenas tardes, soy Iván González, soy historiador y publico acá en México. Mira, he estado atento de la situación de Duranguito, ahora parece que quieren hacer lo mismo acá en Juárez, pero en el Chamizal, necesitamos de tu colaboración”. —“Creo que tras años de lucha legal, la inflación les ha consumido el presupuesto y ahora estas familias empresariales han decidido cambiar sus dólares por pesos, para construir el mismo centro pero en un área mexicana y cercana a la frontera”, me respondió David. — “Pues ahora han solicitado los terrenos del Chamizal”, le dije. Continuará…