El fiscal general César Jáuregui refirió que Manuel G., también conocido como El Profe, era uno de los principales operadores del grupo delictivo de La Empresa
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Para el futuro de México existen dos visiones que nos afectarán profundamente según la política de Estado que se elija como el máximo poder en manos del Presidente y el Congreso este 2 de junio del 2024. Tal como afirma el docente Mario Ivan Breton Real, una visión está a favor de un Estado fuerte, que dirija la economía a través de monopolios de empresas que se consideran estratégicas bajo el control de los políticos de cada sexenio, usando impuestos extractivos (más ganas, más pagas) cobrados a las empresas públicas y privadas con la intención de redistribuir el ingreso.
La otra visión es la de un Estado limitado por asociaciones civiles sin afiliación a ningún partido y con contrapesos legislativos para evitar el abuso de poder, donde se impulse el espíritu emprendedor; se considera que el mejor programa de ayuda a la gente es la creación de empleo productivo, facilitar la inversión nacional y extranjera, defiende la individualidad de las personas, el libre mercado y evalúa los resultados de las políticas públicas. Ambas visiones aceptan que el Estado es responsable por la Seguridad, la Educación y la Salud, que han empeorado en este sexenio.
Durante muchos años México fue gobernado por la primera visión, que favoreció el sindicalismo, las cotas de poder y el clientelismo, pero, finalmente, quebró por la corrupción, haciendo indispensable la apertura económica y democrática, lo que abrió paso a la segunda visión. En esta segunda visión, aún persistía la corrupción. Pero algo salió mal. El partido en el poder, que prometía eliminar la corrupción, se hizo aliado de los grupos cuyo poder había sido limitado o controlado volviendo a la primera visión, donde el Estado busca ser el rector absoluto de la vida pública.
El retorno a la primera visión, a pesar del fracaso del Estado benefactor (que elogia dictaduras como la cubana y rechaza el protagonismo de la empresa privada) se encamina a pasos agigantados a hacia un Estado sin órganos autónomos, halagando a los militares con obras públicas millonarias, comprando el favor popular con un fantástico despilfarro de recursos y con ventajosas alianzas con grupos de dudosa solvencia moral. En síntesis, si gana el bloque opositor elegiremos un régimen con contra pesos, si gana el oficialismo y sus aliados, daremos otro paso hacia un país de un solo partido.
Hay una razón por la que todas las naciones comunistas acabaron volviendo al capitalismo (Rusia ahora tiene muchos multimillonarios, lo mismo que China): Se necesita una economía robusta para sostener los programas sociales y los subsidios. Y para tener una economía robusta, una nación tiene que abrazar el capitalismo o la calidad de vida se estancará. Si tienes suficientes recursos naturales, puedes sobrevivir, pero nunca prosperar con el comunismo. Y la gente no quiere solo sobrevivir; estamos programados para prosperar. Esto sólo sucederá gracias a la libertad económica.
Elegir para el futuro de nuestro país la visión de un Estado personalista encarnado en el caudillo, que debilita al Estado institucional, o votar por el fortalecimiento de un Estado institucional con contrapesos al poder presidencial, será la decisión que se tome en las próximas elecciones. Podemos anticipar que la libertad, la igualdad ante la ley y limitar las locuras personales del líder carismático siempre tendrán, al final, un balance positivo para todos, incluyendo a los pobres.