La responsable del programa Artemis, Lori Glaze, celebró el regreso seguro de la tripulación, destacó que la misión marca el inicio de una nueva etapa y adelantó que los astronautas regresarán a Houston el sábado.
Benjamín Carrera informó que, hasta el corte semanal, se tenía un registro de 7 mil 500 usuarios que ya realizaron su trámite, cifra que, estimó, ha incrementado ligeramente en los últimos días
Con el propósito de optimizar el funcionamiento general del recinto la renovación del espacio busca consolidar un foro más adecuado para actividades culturales, priorizando comodidad y seguridad para todos
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A Nergalí le dio por viajar, cuando se le ocurría se iba a Nueva York, a Sao Paulo, a cualquier parte. Tenía casas en Miami y en Acapulco, donde muy seguido nos invitaba. Uno de esos días, vi a Rubén venir despacio con su perra afgana que aspiraba el crepúsculo lleno de reflejos moribundos aún rosáceos, lo vi hincarse acurrucado ante el cuerpo desnudo de la Nergalí, como ante una mitológica sacerdotisa consagrada. La perra y yo fuimos testigos, cuando intempestivamente, a los pies de Nergalí, llegó a morir un extraño pez, medio lagarto, medio engendro de iguana, con cabeza de tortuga sonriente, que inquietó a bañistas, algunos nativos, quienes comentaron que aquel animal estaba emparentado con el pez diablo, que anunciaba un mal augurio. Unos le llamaron “peje demonio” o “pejelagarto”. Era una rara criatura marina, surrealista, que trato de captar en mis dibujos sin lograrlo.
En la Ciudad de México, con sus complicaciones y atributos, la “Nergalí” traía inquietos a muchos compañeros, como al “Pato”, a “Paco” el “Elegante”, un arquitecto; mi pariente, que también andaba siempre detrás de sus huesitos, y no sé cuántos desconocidos más. Ella aseveraba que simplemente los desdeñaba, pero los alborotaba por instinto, todo era parte de las artimañas, destrampes o ardides juveniles, o del miedo al anonimato.
Así transcurrió una de mis relaciones de la primera época de La Luciérnaga. Después me dediqué a cumplir con los encargos de arte monumental y dejé de ver a compañeras y compañeros, hasta que supe que la “Nergalí” estaba presa. Los amantes del chisme me contaron que iba y venía de los Estados Unidos, pasando las aduanas sin problemas, pero en una de esas, al revisar su equipaje, le encontraron droga. Se decía que muchos de sus amigos neoyorquinos eran adictos y ella era su proveedora, acción que en lugar de redituarle ganancias, le causaba pérdidas. También me enteré que cuando la dejaron libre, salió del penal con una hija. Las acogió el “Pato”. Fui a visitarlo, tenía una cuna entre velos, telas, toallas, edredones en desorden con olor a criatura, me pareció percibir el perfume de la “Nergalí”, con
reminiscencias alcohólicas. Ese día había salido ella con su hija, no pude verla. Volví a saber de ella en una fiesta de cumpleaños de Macrina Krauss, en que asistí solo, vi una chava, también solitaria, meditabunda, en un asiento alto de la barra, mirando al fondo de su copa, melancólica, tratando de interpretar los residuos del vino. Me senté junto a ella por iniciar plática, me sorprendió observar que traía en su collar un amuleto con el símbolo del “ouróboro”, que solo había visto en el cuello de la “Nergalí”. Por supuesto, le pregunté su significado, y ella, que se llamaba Heidi, me hizo saber el fatal y negro desenlace de mi otrora, luminosa amiga: una compañera de aventuras amorosas y juergas que compartía drogas con los lancheros
acapulqueños, tratando de robarla, se enfrascaron en un pleito donde “Nergalí” terminó con un machetazo en el cuello; se desangraba, pero antes de morir alcanzó a darle el amuleto, que portaba la Heidi. El amuleto representa la serpiente que engulle su propia cola, como el ciclo eterno, muerte y resurrección, símbolo de eternidad, que yo había visto en antiguos tratados de alquimistas.
Esta idea tal vez influyó en la escultura que realicé en 1995, Mi Visión del Mictlán, en el metro de la CDMX: “Barranca del Muerto”, con el crótalo y la cabeza de una serpiente. Y en recuerdo de la joven, vieja amiga, ahora trato de hacer un cuadro, desenterrando olores, imágenes y símbolos.