Análisismartes, 7 de abril de 2026
Y esto, apenas comienza
Y esto, apenas comienza.
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Y esto, apenas comienza.
La antesala del 2027 se está viviendo de manera fuerte este año. No es para nada similar a las elecciones anteriores, menos a la última a la gubernatura donde la pandemia se hizo presente. Se busca cualquier escaparate para darse a conocer, para garantizar ese posicionamiento, no se diga lo contratado en redes sociales que son sumas millonarias, lo mismo que el acoso constante de las encuestadoras para medir el pulso de nombres y partidos. Chihuahua está en la mira de la Federación y del partido en el poder, pues, aunque no represente mucho en votos, sí sería un mensaje contundente pintar de un solo color el país.
Sin embargo, resulta sorprendente cómo la imagen urbana se ha desvirtuado con cientos de espacios en todo el estado que han sido tomados como lienzos partidistas en el escenario con rumbo a la elección del siguiente año. En los municipios se ve lo propio, pero en lo que respecta al ejecutivo estatal es lo que llama la atención.
Lo curioso de todo, es cuando se les cuestiona a las personas cuyos nombres aparecen en dichas pintas sobre sus intenciones y esos actos, categóricamente lo niegan, lo desconocen por completo y se lo atribuyen a grupos de simpatizantes, más que a la propia militancia. Más extraño resulta pensar que haya clubes de fans, al estilo de una banda de pop coreano, que saquen de sus bolsas desde pinturas, plantillas, permisos y pago de una barda, para arropar a una persona en la política.
Por donde se transite, ciudad o carretera, vialidades principales o de poca circulación, se encuentra la publicidad en las bardas, espectaculares o espacios para que la gente vaya identificando nombres y filiaciones por la simple variación cromática. Antes había una publicidad muy sutil, donde con calcomanías o frases se promovían las iniciales de quienes tenían intenciones. Hoy son plastas y plastas de pintura por todos lados, metros y metros de bardas continuas con el nombre y/o apellido de las personas, impactando en la imagen urbana.
Esto más que posicionamiento refleja una pésima imagen urbana. De por sí, hay lotes baldíos o propiedades descuidadas donde la maleza está presente y todavía se le suma como decoración un recuadro de color o el nombre gigante de una persona. Se le está apostando tanto a eso para posicionar, más que a una percepción positiva de la población ante los resultados derivados de sus gestiones o sus funciones.
Ojalá cualquier “suspirante” tenga un poco de conciencia y cambie su estrategia. Todas las intenciones y aspiraciones son válidas, pero cuando se afecta la imagen urbana misma, de una ciudad que quiere ser ordenada, de una colonia que quiere verse limpia, de una barda a la que su propietario o propietaria no se le pidió permiso, el posicionamiento de un simple nombre no es del todo productivo. Ahí está, pero sin mayor trascendencia.